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Febrero Loco

Charles Robert Darwin (1809-1882)

Charles Robert Darwin (1809-1882)

 

Charles Robert Darwin, nació un 12 de febrero de 1809, hace ahora 200 años. Darwin era hijo de un médico y hombre de negocios. Comenzó en el campo de la medicina ayudando a su padre y, luego, comenzó sus estudiós de Medicina, pero las clases le aburrían. Se dedicó a la taxidermia con John Edmonstone, un esclavo negro liberto que había acompañado a Charles Waterton, naturalista y explorador, por las selvas de Sudamérica; pasó horas y horas sentado a su lado conversando; un hombre “agradable y muy inteligente”, decían. Ahí comenzó el gusanillo darwiniano a desperezarse en su curiosidad y su viaje.

En nuestra memoria queda como aquel que dijo, para que otros se tiraran de los pelos, que el hombre descendía del mono. Pero Darwin era un naturalista y sobre todo un curioso observador, no imparcial, pero curioso y observador y su campo de observación era muy amplio. Dentro del campo científico es conocido por su teoría sobre la evolución.

Darwin se fijaba en cosas tan variopinta y detenidas como la variación del color del mar y hallaba su causa:

 

Aprovecho  estas  observaciones  para  agregar   algunas otras  acerca del color de los mares, producido  por  causas orgánicas. En la costa de Chile, a pocas leguas al norte  de la  Concepción, el Beagle atravesó un día grandes  zonas  de agua fangosa muy parecida a la de un río aumentado de caudal por  las  lluvias; otra vez, a 50 millas de tierra  y  a  un grado  al sur de Valparaíso, tuvimos ocasión de ver el mismo colorido en un espacio aún más extenso. Este agua, puesta en un vaso, presentaba un matiz rojizo pálido; examinándola con el  microscopio, veíase llena de animalillos,  que  iban  en todas direcciones y a menudo hacían explosión. Presentan una forma  oval;  están estrangulados en su parte media  por  un anillo  de pestañas vibrátiles curvas. Sin embargo,  es  muy difícil  examinarlos bien, pues en cuanto cesan de  moverse,hasta  en  el  momento  de cruzar por el  campo  visual  del microscopio,  hacen  explosión. Algunas  veces  estallan  al mismo  tiempo ambas extremidades y otras una sola de  ellas; de  su  cuerpo  sale  cierta cantidad de  materia  granulosa grosera  y pardusca. Un momento antes de estallar el  animal se  hincha  hasta hacerse doble de grueso que en  el  estado normal,  y la explosión ocurre unos quince segundos  después de  haber  cesado  el movimiento rápido de propulsión  hacia adelante;   en   algunos  casos,  un  movimiento   rotatorio alrededor del eje rotatorio precede algunos instantes  a  la explosión. Unos dos minutos después de haber sido  aislados, por  grande que sea su número, en una gota de agua,  perecen todos  de la manera que acabo de indicar. Estos animales  se mueven  con  el  extremo más estrecho  hacia  adelante;  sus pestañas  vibrátiles les comunican el movimiento,  y  suelen caminar  con  saltos  rápidos. Son en  extremo  pequeños,  y absolutamente  invisibles a simple vista;  en  efecto,  sólo ocupan una milésima de pulgada cuadrada. Existen en infinito número,  pues  la  más  pequeña gota de  agua  contiene  una cantidad  grandísima. En un solo día atravesamos dos  puntos donde  el  agua tenía ese color, y uno de ellos ocupaba  una superficie de varias millas cuadradas. ¡Cuál será, pues,  el número de esos animales microscópicos! Vista el agua a alguna distancia, tiene un color rojo análogo al de la  de  un  río que  cruza por una comarca donde hay cretas rojizas;  en  el espacio  donde  se proyectaba la sombra del buque,  el  agua adquiría un matiz tan intenso como el chocolate; por último, podía  distinguirse con claridad la línea donde se  juntaban el  agua  roja y el agua azul. Desde algunos días  antes  eltiempo  estaba muy tranquilo y el océano rebosaba, digámoslo así, de criaturas vivientes.

Extracto de su primera obra: “Viaje de un naturalista  alrededor del mundo”.

Luego, publicó “El origen de las especies”, donde desarrolla una teoría sobre la evolución del hombre y en torno a la selección natural. Su siguiente obra fue El origen del hombre y de la selección en relación al sexo y luego La expresión de las emociones en los animales y en el hombre.

Pero primero, también, se adentró en el campo de la botánica, se interesó por la anatomía y por la biología. Ante tanta dispersión su padre tomó riendas en el asunto y lo envió al Christ’s College de Cambridge para que obtuviera el grado de letras y se ordenara como pastor anglicano. Pero Charles prefería la equitación y el tiro. Su primo le vició en el coleccionismo de insectos y, entonces también, se volcó en la entomología. De la teología le atrajo la obra de Paley Teología natural que fue como el pivote que aunaba toda su dispersión. Si en Darwin había una constante era su inquietud, su dispersión y sus obsesiones pasajeras.

Por eso en el viaje en el Beagle donde se dedicó a la investigación geológica, fue con su diario donde pudo dar rienda suelta a su carácter curioso e inquieto, a la par que científico; pues, a pesar de su dispersión, poseía conocimientos muy amplios, de biología, botánica, medicina, entomología, geología… que le permitieron sacar un gran partido de su viaje con su “observación múltiple”. Pero algo nuevo entró, también, en su vida, la sociología, su horror ante la esclavitud o sobre el trato a las mujeres en algunos ámbitos sociales. Por eso leer sus obras resulta enriquecedor, como una ventana abierta por la que observar desde distintos prismas.

Cuando volvió de su viaje ya era una eminencia en los círculos científicos debido a las cartas que había ido enviando con sus anotaciones sobre los variados campos. A partir de entonces, el trabajo le salió de debajo de las piedras, era respetado, aclamado y solicitado en diversos ámbitos. Darwin había encontrado el hilo a seguir. Los científicos estaban eufóricos por la cantidad de conocimientos que había aportado con las observaciones extraídas de sus viajes y sólo querían que trabajar con él.

El mundo científico vivíó una revolución: nuevas especies, teorías de evolución, disecciones, estudios detallados; una ebullición científica se despertó en todos. Pero Darwin se iba obsesionando con la teoría de la transmutación de las especies y, un día, en el zoológico, un 28 de marzo de 1838, observando a un orangután alargó su especulación de transmutación hasta el ser humano; pues el orangután tenía conductas muy similares las de un niño humano. Tanta excitación le llevó al stress, y tanto stress a la enfermedad; problemas digestivos, con vómitos, dolores de cabeza, palpitaciones… nadie supo determinar cuál era su enfermedad. Decidió irse a Escocia a descansar, pero aún así no dejó sus obsesivas observaciones, en este caso, en el campo de la geología. Entró en crisis, se planteó casarse. Fue en busca de su prima Emma con ese propósito pero acabó hablándole de sus teorías de transmutación y no llegó a declararse.

Influenciado por la obra Ensayo sobre el principio de la población de Thomas Malthus, empezó a vislumbrar que sus revolucionarios pensamientos, considerados un delirio o locura, podían tener una base científica y social y comenzó a trabajar sobre las especies y su evolución. Malthus afirmaba que si la población humana seguía creciendo excedería a los alimentos y eso sería una catástrofe, la catástrofe malthusiana. Darwin buscó el paralelismo con sus estudios sobre la naturaleza y la guerra de las especies.

Años más tarde. volvió a visitar a su prima Emma y, esta vez, a parte de contarle sus teorías también se declaró. Darwin recayó en su enfermedad y ella le escribió "No sigas poniéndote malo, mi querido Charley hasta que pueda estar contigo para cuidarte."  Así que poco después se casaron.

Darwin siguió trabajando en la evolución de las especies pero evitando tocar el tema del origen del hombre que creaba tanto malestar.

“Hay grandeza en esta concepción según la cual la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un reducido número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, una infinidad de las formas más bellas y portentosas.”

La fecundación de las orquídeas fue uno de sus últimos trabajos pero otros ya empezaban a comparar cráneos humanos y de simios, como Tomas Henry Huxley. Y, entonces, en El origen del hombre, y la selección en relación al sexo, publicado en 1871, Darwin colocó al ser humano como una especie más del reino animal, mostrando sus similitudes físicas y mentales. También, expuso su teoría de la selección sexual y declaró que todos los seres humanos pertenecían a una misma especie. Amplió sus teorías en La expresión de las emociones en el hombre y los animales, publicada en 1872 y que fue una de las primeras publicaciones que contenía fotografías; en ella, comparaba la psicología del hombre con la conducta animal. Estos dos libros fueron muy leídos lo que sorprendió mucho a Darwin.

Su conclusión fue que el hombre, con todas sus nobles cualidades, con su compasión hacia los que siente desarraigados, con su benevolencia no sólo hacia los otros hombres sino hacia la más humilde criatura; con su intelecto, que parece divino y ha penetrado en los movimientos y la formación del sistema solar –con todos estos elevados poderes– todo hombre sigue cargando en su condición corporal el sello indeleble de su modesto origen. En su último libro, Darwin investigó el efecto de las lombrices en la formación del suelo terrestre.

Darwin murió el 19 de abril de 1882, tuvo 10 hijos. Su obra El Origen de las especies fue de interés mundial y provocó muchas reacciones diversas, tanto en el ámbito científico como religioso lo que la hizo muy popular. Fue traducida a varios idiomas.

Huxley organizó el primer del Club X, un club dedicado a "la ciencia, pura y libre, liberada de dogmas religiosos" un club de corta vida pero que logró marcar la separación entre Ciencia y creencias religiosas dispuestas a la censura.

 

Diario de un naturalista alrededor del mundo:

http://www.e-libro.net/E-libro-viejo/gratis/naturalista.pdf

 

 

Unos retazos:

 

Aunque existan salvajes tan bárbaros que no piensen nunca en el carácter hereditario de la descendencia de sus animales domésticos, no obstante, cualquier animal particularmente útil a ellos para un objeto especial tiene que ser cuidadosamente conservado en tiempo de hambre u otros accidentes a los que tan expuestos se hallan los salvajes, y estos animales escogidos dejarían de este modo más descendencia que los de clase inferior, de modo que en este caso se iría produciendo una especie de selección inconsciente. Vemos el valor atribuido a los animales aun por los salvajes de la Tierra del Fuego, cuando matan y devoran sus mujeres viejas en tiempos de escasez, como de menos valor que sus perros.

 

En cuanto a la opinión de que los seres orgánicos han sido creados hermosos para deleite del hombre -opinión que, como se ha dicho, es ruinosa para toda mi teoría-, puedo hacer observar, en primer lugar, que el sentido de belleza es evidente que depende de la naturaleza de la mente, con independencia de toda cualidad real en el objeto admirado, y que la idea de qué es hermoso no es innata o invariable. Vemos esto, por ejemplo, en que los hombres de las diversas razas admiran un tipo de belleza por completo diferente en sus mujeres.

 

El origen de las especies:

http://es.wikisource.org/wiki/El_Origen_de_las_Especies

 

Un paseo a través de la ventana de los ojos de Darwin:

 

“Puede  realmente decirse  que algunas mujeres jóvenes, o chinas, son  bellas. Tienen  los  cabellos ásperos, aunque negros  y  brillantes, llevándolos en dos trenzas que les cuelgan hasta la cintura. Su  tez es cargada de color y tienen muy vivos los ojos; las piernas,  los  pies  y los brazos son pequeños  y  de  forma elegante; engalanándose los tobillos y a veces la cintura  con anchos brazaletes de baratijas de vidrio azul. Nada hay  más interesante que algunos de esos grupos de familia. A menudo venían a nuestro rancho una madre y dos hijas montadas en el mismo  caballo.  Cabalgan como los  hombres,  pero  con  las rodillas  mucho más altas. Esta costumbre quizá  proceda  de que  al viajar suelen ir montadas en los caballos que llevan los  bagajes. Las mujeres deben cargar y descargar los  caballos, armar las tiendas para la noche: en una palabra, verdaderas esclavas, como las mujeres de todos los salvajes,  han de  hacerse  en todo lo más útiles posible. Los  hombres  se baten, cazan, cuidan de los caballos y fabrican artículos de sillería. Una de sus principales oraciones consiste  en  golpear  dos  piedras una contra otra, hasta redondearlas  para hacer  bolas con ellas. Con auxilio de esta arma  importante, el  indio se apodera de la caza y hasta de su caballo que va en  libertad por la llanura. Cuando se bate trata en  primer término  de  derribar el caballo de su  adversario  con  las bolas,  y de matar a éste con el chuzo mientras está  cogido por la montura. Si las bolas no alcanzan sino al cuello o al cuerpo de un animal, se pierden a menudo; pues bien, como se necesitan  dos días para redondear esas piedras, su  fabricación  es  una fuente de trabajo continuo. Muchos  de  ellos, hombres y mujeres, se pintan de rojo la cara; pero nunca  he visto  aquí  las bandas horizontales tan comunes  entre  los fueguinos.  Su principal orgullo consiste en que  todos  los  arneses de sus monturas sean de plata. En tratándose  de  un cacique, las espuelas, los estribos, las bridas del caballo, así como el mango del cuchillo, todo es de plata. Un día  ví a  un  cacique a caballo; las riendas eran de hilo de plata y no  más  gruesas  que  una cuerda de látigo;  no  dejaba  de presentar algún interés el ver a un caballo fogoso  obedecer a una cadena tan ligera. Sin disputa,  esas escenas son horribles. Pero, ¡cuánto más horrible es aún  el hecho  cierto de que se asesina a sangre fría  a  todas  las mujeres indias que parecen tener más de veinte años de edad! Cuando  protesté en nombre de la humanidad, me respondieron: «Sin embargo, ¿qué hemos de hacer? ¡Tienen tantos hijos esas salvajes!». Las mujeres lograron llegar a la  cima  del monte  y  allí  se  defendieron con bravura,  haciendo  caer grandes piedras sobre los soldados. Muchas de ellas acabaron por ponerse a salvo.”

 

“He  visto en los comercios muchos artículos, como mantas de  caballo,  cinturones y ligas, tejidos  por  las  mujeres indias.  Los  dibujos  son  muy bonitos,  y  brillantes  los colores.  El  trabajo de las ligas es tan perfecto,  que  un negociante  inglés de Buenos Aires me sostenía  que  habrían sido  fabricadas en Inglaterra; para convencerle fue preciso enseñarle  que las bellotas estaban adheridas con trozos  de nervios hendidos.”

 

“«Las  mujeres  de  Buenos Aires ¿no son las más hermosas del mundo?» Le contesté  como un verdadero renegado: - «Ciertamente que sí». Añadió él:  -«Otra  pregunta  tengo que hacerle a usted: ¿hay  en  alguna otra  parte del mundo mujeres que gasten unas peinetas  como las  que  éstas  llevan?» Le afirmé solemnemente  que  nuncahabía  encontrado  otras  mayores.  Estaban  encantados.  El capitán  exclamó: «Un hombre que ha visto  medio  mundo  nos afirma que es así; nosotros lo habíamos creído siempre, pero ahora  estamos  seguros  de ello».  Mi  excelente  gusto  en materia de peinetas y de hermosuras me valió un recibimiento entusiasta; el capitán me obligó a aceptar su lecho, y él se fue a dormir a su recado.”

 

“Dos o tres  rasgos característicos  chocan  ante  todo cuando se penetra por vez primera en la sociedad  de  estos países: los modales dignos y corteses que se notan en  todas las  clases, el exquisito gusto de las mujeres en vestir,  y la  perfecta  igualdad que reina en todas  partes. Hasta donde hemos podido saberlo, estos salvajes tomaron por mujeres  nuestras a dos o tres de los oficiales más pequeños y  rubios que los otros, aunque llevaban magníficas  barbas. Pero los que  venían en  la  canoa  de que acabo de hablar, estaban completamente desnudos, incluso una mujer en plena edad que con ellos  iba Caía la lluvia a torrentes, y mezclándose el agua dulce  con la espuma del mar, resbalaba por el cuerpo de aquella mujer. En  otra  bahía, a corta distancia, vino un  día  cerca  del barco  una mujer que amamantaba a un recién nacido;  y  sólo por  curiosidad permaneció muchísimo tiempo mirando, por más que  la  nieve caía en abundancia sobre su pecho  desnudo  y sobre  la  criatura. Estos desgraciados salvajes  tienen  el cuerpo  achaparrado, el rostro deforme, cubierto de  pintura blanca, la piel sucia y grasienta, los cabellos apelmazados, la  voz discordante y los gestos violentos. Cuando se los ve cuesta trabajo. creer que son seres humanos, habitantes  del mismo  mundo que nosotros. Nos preguntamos muchas veces  qué goces   puede  proporcionar  la  vida  a  ciertos   animales inferiores;  ¡con  cuánta  mayor  razón  no  podríamos  preguntárnoslo respecto de estos salvajes! Por la noche,  cinco o  seis de estos seres humanos, desnudos y apenas protegidos contra  el  viento  y la lluvia de este  país  terrible,  se acuestan  en el suelo húmedo apretados los unos  contra  los otros  y  encogidos  como animales. Al bajar  la  marea,  en invierno  y  en  verano,  de día  y  de  noche,  tienen  que levantarse  para ir a buscar conchas entre  las  rocas;  las mujeres  se  sumergen para proporcionarse huevos  de  mar  o permanecer  horas enteras sentadas en las canoas  hasta  que logran  pescar algunos pececillos con telas sin anzuelo.  Si consiguen  matar  una foca o descubren  el  esqueleto  medio podrido  de  una  ballena, tienéndolo por inmenso  festín;  se atracan de este innoble alimento, y para completar la fiesta comen algunas bayas o algunas setas que no saben a nada.

No  pueden conocer  las dulzuras del hogar doméstico, y menos  aún  las del afecto conyugal, porque el hombre no es más que el dueño brutal  de su mujer o más bien de su esclava. ¡Qué  acto  se habrá  cometido jamás tan horrible como aquel de  que  Byron fue  testigo  en la costa occidental! Vio a una  desgraciada mujer  recogiendo el cadáver sangriento de su hijo, a  quien su  marido había estrellado contra las rocas porque el  niño había  derramado  un cesto de huevos de mar.  ¿Hay,  por  lo demás,  en  su  existencia nada que pueda desarrollar  facultades intelectuales elevadas? ¿Necesitan imaginación, razón, ni juicio? Nada tienen que imaginar, nada que comparar, nada que  decidir. Para despegar una lapa de las piedras, ni  aun necesita  emplear  la  astucia,  esa  ínfima  facultad  del espíritu.  En  cierto  modo pueden  compararse  sus  escasas facultades  al instinto de los animales, puesto  que  no  se aprovechan  de la experiencia. Su producción más  ingeniosa, la canoa, tan primitiva como es, no ha hecho ningún progreso durante los doscientos  cincuenta  años  últimos;  para convencernos de ello no tenemos más que abrir los relatos del viaje de Drake.”

 

“Su marido, que gozaba del privilegio universal en este país  de tener dos  mujeres, llegó a estar celoso de las atenciones que teníamos con la más joven, por lo cual, después de  una breve  consulta con sus desnudas beldades les ordenó  forzar los remos para alejarse.”

 

“Hace  un tiempo hermoso; muchos árboles cargados de flor perfuman el aire; casi no basta esto para disipar el  triste efecto que causa la humedad de estos montes. Los  numerosos troncos  de  árboles  muertos, derechos  como  otros  tantos esqueletos, da siempre a estos bosques vírgenes un  carácter de  solemnidad  que  no se encuentra  nunca  en  los  países civilizados desde antiguas épocas. Poco después de la puesta del  sol  vivaqueamos para pasar la noche. La mujer que  nos acompaña es en realidad bastante guapa; pertenece a una de las más respetables familias de Castro, lo que no la impide montar a caballo como un hombre; no usa medias ni zapatos. Me  admira sobremanera su falta de dignidad. La acompaña  su padre  y  llevan provisiones, a pesar de lo cual  nos miran comer con tal aire de envidia, que acabamos por alimentar  a todos  nuestros  acompañantes. No hay una sola  nube  en  el cielo  durante  la  noche,  y podemos  gozar  del  admirable espectáculo  que  producen  las innumerables  estrellas  que iluminan las profundidades del bosque.”

 

“Los indios salvajes toman tantas mujeres como pueden alimentar, y un cacique tiene por lo común unas de diez; al entrar en su casa se conoce con facilidad el número de  sus mujeres por el de chozas separadas. Cada mujer  vive por  turno  una  semana con el cacique, pero todas  trabajan para él, le hacen ponchos, etc. Ser esposa de un cacique  es honor muy solicitado por las mujeres indias.”

 

“Las mujeres se pintan lo mismo que los hombres, y muchas  veces llevan tatuajes en los dedos. Ahora (1835) se ha hecho  casi universal  la  moda  de afeitarse la parte  superior  de  la cabeza  no  dejando  más  que una corona de cabellos. Los misioneros  han  intentado reducir a los taitianos a que abandonen tal costumbre, pero es moda, y esta razón es tan suficiente en Taití como en París. Declaro que las  mujeres me  han  desencantado; están muy lejos de ser  tan  hermosas como  los  hombres.  Tienen, sin  embargo,  costumbres  muy bonitas; por ejemplo: la de llevar una flor blanca o roja en la  parte  posterior de la cabeza, o en agujerito  hecho en cada  oreja.  También suelen llevar una corona de  hojas de cocotero, pero esto no es ya un adorno sino protección  para los  ojos. En  resumen, paréceme que las  mujeres  ganarían mucho, más que los hombres, llevando un traje cualquiera.”

 

“Dícese,  es cierto, que no son ahora las mujeres  mucho más  virtuosas que lo eran antes; pero antes de maldecir de los  misioneros conviene recordar las escenas descritas  por el  capitán  Cook y Mister Banks, en que tienen puesto como actrices las abuelas y las madres de las mujeres de hoy. Los más  severos deberían acordarse de que la buena conducta  de las  mujeres en Europa, proviene, en parte, de las lecciones y de los ejemplos que las madres dan a sus hijos, tanto como de los preceptos religiosos. Pero inútil es razonar con esas gentes;  pues estoy convencido de que encolerizados  por  no haber  encontrado tantas facilidades para el vicio como  en otro tiempo no quieren conceder el honor de este progreso a una  moral que no desean en modo alguno practicar, o a una religión que rebajan si no desprecian.”

 

25 de noviembre.- “Envíanse, por la tarde, cuatro canoas para  transportar a S.M., el barco está empavesado y  coloca dos  los marineros en los obenques, cuando llega la Corte a bordo; acompañan a la reina casi todos los  jefes,  que  se conducen  con toda corrección; no pidieron nada  y  parecían muy satisfechos de los obsequios que el capitán les hizo. La reina es una mujer gorda que no tiene gracia, ni belleza, ni dignidad; sólo posee una cualidad real: una perfecta  indiferencia  para  todo cuanto la rodea. Los cohetes causaron  universal entusiasmo, después de cada explosión se levantaba un formidable  grito  en  toda la bahía;  admiraron  mucho  los cantos de los marineros, y dijo la reina que uno de los  más alegres  era  en realidad un himno. Hasta después  de  media noche no regresó a tierra el cortejo real.

Nos  acercamos a una de las chozas y veo un espectáculo que  me  divierte mucho: la ceremonia del froté de las  narices.  En  cuanto nos ven acercarnos empiezan las mujeres  a salmodiar  en el tono más melancólico y luego se sientan sobre los talones, con la cara vuelta hacia afuera. Aproxímase  mi  compañero sucesivamente a cada  una  de  ellas,  y coloca  la nariz en ángulo recto con la de ella; apretándola con  bastante  fuerza. Esta operación dura un poco  más  que nuestro  ordinario apretón de manos; y también como nosotros apretamos  más  o menos fuerte, según el afecto,  así  hacen ellos;  añadiendo durante la ceremonia pequeños gruñidos de satisfacción,  muy parecidos a los que producen  los  cerdos que  se rascan uno con otro. Observo que el esclavo se frota la  nariz  con todo  el que encuentra  en el camino,  sin cuidarse  de  dar la primacía a su amo. Aunque  entre  estos salvajes tienen los jefes derecho absoluto de vida y  muerte sobre  sus  esclavos, hay falta absoluta de  etiqueta  entre unos  y  otros. Mister Burchell ha visto lo mismo entre  los groseros bachapines que habitan el África meridional.  Donde quiera que la civilización alcanza cierto grado, se producen en  el acto gran número de formalidades entre los individuos que  pertenecen a clases diferentes: en Taití está todo el mundo obligado a descubrirse hasta la cintura en  presencia del rey.”

 

“Varios  jóvenes  rescatados por  los  misioneros  están empleados en la granja; llevan camisa, pantalón y chaqueta y tienen aire muy respetable. Si puede juzgarse por un detalle insignificante, creo que han de ser honrados. Uno  de  estos labradores  se  acercó a Mister Davies, cuando  estábamos paseando por la granja, para entregarle un cuchillo, y una barrena que había encontrado en el camino, y que no  sabía, dijo, de  quién serían. Parecen estar muy satisfechos. Por las  tardes  juegan a los caballitos con los  hijos de los misioneros, lo que no deja de hacerme reír pensando en lo que se moteja a los misioneros de llevar su austeridad hasta el absurdo. El aspecto de las muchachas que sirven de  criadas  en el interior de las casas me choca todavía más. Están tan limpias, tan bien vestidas y parecen disfrutar de tan buena  salud como las domésticas de las haciendas  de  Inglaterra, lo que contrasta de un modo sorprendente  con  las mujeres  que  habitan  las innobles chozas de Kororadika.”

 

“Quisieron  las  esposas de los misioneros convencerlas para que  renunciaran al tatuaje; pero un día apareció un famoso operador del sur de la isla y no pudieron resistir la  tentación. «Es preciso, dijeron, que nos hagamos pintar  algunas líneas en los labios, porque si no cuando seamos viejas y se nos  arrugue la boca vamos a estar demasiado feas». La  moda del tatuaje tiende a desaparecer, y tal vez dure más por  un signo  distintivo entre el amo y el esclavo. Es raro lo pronto que nos acostumbramos a lo que  nos pareció más extraordinario;  así  sucede que los misioneros mismos encuentran  falta de algo importante a una cara cuando no está  tatuada y no les parece entonces el rostro de un caballero de Nueva-Zelanda.”

 

“Un jefe de esta aldea y algunos  hombres salen para acompañarnos hasta Waiomio, que  está a unas cuatro millas de aquí. Este jefe era al presente un poco célebre, porque acababa de ahorcar a una de sus mujeres y a un esclavo, culpables de adulterio. Habiéndole dirigido un misionero algunas amonestaciones con ese  motivo, le respondió  muy sorprendido que creía haber seguido en absoluto el método inglés. El viejo Shongi,  que se hallaba en Inglaterra durante el proceso de la reina, no dejaba  nunca de decir, cuando se le hablaba de ello, lo muy mal que le parecía aquel proceder. «Cinco mujeres tengo, decía, y  preferiría más cortarles la cabeza a todas que someterme a tales molestias por causa de una sola».”

 

“Después del Ejercicio Divino acompaño al capitán Fitz-Roy hasta la colonia situada a unas cuantas  millas más arriba de la punta de un islote cubierto de  inmensos cocoteros.  El capitán Ross y Mister  Liesk habitan  una especie de hórreo, abierto por sus dos extremos y tapizado por dentro con esteras de cortezas. Las casas de los malayos están enfiladas a lo largo de la costa. Toda la aldea presenta el aspecto de la desolación,  puesto que no hay jardines, ni vestigios de cultivo. Los habitantes pertenecen a diferentes islas del archipiélago índico, pero todos hablan la misma lengua. Encontramos allí indígenas de Borneo, de las Célebes, de Java y de Sumatra. Tienen la piel del mismo color que la de los taitianos y las facciones casi idénticas a las de éstos. Algunas mujeres presentan, sin embargo, rasgos de tipo chino. En general puedo asegurar que sus fisonomías y el timbre de su voz me han agradado. Parecen  ser muy pobres; en sus casas no hay ningún  mueble; pero los hermosos niños que he visto demuestran bien que las nueces de coco y las tortugas forman todo un  magnífico alimento.”

 

“Después de comer nos quedamos para ver una escena medio supersticiosa que representan las mujeres indígenas. Una gran cuchara de madera, vestida y transportada  sobre la tumba de uno de los suyos, recibe, dicen ellas, inspiraciones a la luz de la luna y baila. Después de algunos preparativos, sostenida la cuchara por dos mujeres, se agitó  con movimientos convulsivos y empezó a bailar siguiendo el compás del canto de las mujeres y de los niños. Era aquello un  espectáculo absurdo; pero sostiene, sin embargo,  Mister Liesk que la mayor parte de los malayos creen el movimiento espontáneo de la cuchara. El baile no empieza hasta que sale la luna; pero yo no sentí haberme quedado, porque me resultó magnífico el espectáculo de la luna brillando por entre las largas  ramas de los cocoteros, débilmente agitados por la brisa  de  la noche. Estas escenas de los trópicos son tan deliciosas, que  casi igualan a las de la patria que por tantos  conceptos nos son tan queridas.”

 

“Se  asegura, es verdad, que basta el interés para impedir las crueldades excesivas; pero, pregunto yo, ¿ha protegido alguna vez el interés a nuestros animales domésticos, que  mucho menos degradados que los esclavos, tienen  ocasión, sin embargo, de provocar el  furor de sus amos? Contra ese argumento ha protestado con gran energía el ilustre Humboldt. También se ha tratado de  excusar  muchas veces la esclavitud, comparando la condición de los esclavos con  la de nuestros campesinos pobres. Grande es, en verdad, nuestra falta si resulta la miseria de nuestros pobres, no de las leyes naturales, sino de nuestras instituciones; pero casi no puedo comprender qué relación tiene esto  con la esclavitud; ¿se podrá perdonar que en un país  se  empleen, por  ejemplo, instrumentos a propósito para triturar los dedos de los esclavos, fundándose en que en otros países están sujetos los hombres a enfermedades tanto ó más dolorosas?  Los que  excusan a los dueños de esclavos y permanecen indiferentes ante la posición de sus víctimas no se han puesto jamás en el lugar de estos infelices, ¡qué porvenir tan terrible, sin esperanza del cambió más  ligero! ¡Figuraos cuál sería vuestra vida si tuvieseis constantemente presente la idea de que vuestra mujer y vuestros hijos -esos seres que las leyes naturales hacen tan queridos hasta a los esclavos han de ser  arrancados del hogar  para ser vendidos, como bestias de carga,  al mejor postor!  Pues  bien;  hombres que profesan  grande amor al prójimo, que creen en Dios, que piden todos los días que se haga su voluntad sobre la tierra, son los que toleran, ¿qué digo?, ¡realizan  esos  actos! ¡Se me enciende la sangre cuando pienso que nosotros, ingleses, que nuestros descendientes,  americanos,  que todos cuantos, en una palabra, proclamamos tan alto nuestras libertades, nos hemos hecho culpables de actos de este género! Al menos me  queda el consuelo de pensar que, para expiar nuestros crímenes, hemos hecho un sacrificio mucho más grande que ninguna otra nación del mundo.”

 

 

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