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Febrero Loco

Estos días azules y este sol de la infancia...

Estos días azules y este sol de la infancia...

Dibujo de Ramón Gaya de Machado en Valencia o Rocafort.

 

Hace 71 años, un 22 de enero de 1939, Antonio Machado, como muchos otros intelectuales españoles, se encamina a la puerta de un país en el que se han acabado las libertades y comienzan las represalias, junto con su familia. Es un viaje largo y muy duro, a pie.

El 27 de enero llegan a la frontera con Francia, Antonio está enfermo, tiene 64 años; su madre, que viaja con él, tiene 88 años.

¡Imaginaos!, andando bajo la lluvia, porque llovía, agotados y hambrientos, rodeados de muchos más que huyen tras la caída de Tarragona en manos de los Nacionales, con un gobierno barrido, obligado a trasladarse de Madrid a Valencia, de Valencia a Barcelona, de Barcelona a Gerona, donde se celebró su última sesión parlamentaria, en Figueras con Negrín a la cabeza, resistiendo, una República agónica, un 1 de febrero. Después, Barcelona cayó, tras un bombardeo terrible, un 26 de enero, que aún algunas mentes recuerdan con espanto. Unas 400.000 personas iniciaron la huida de su país para salvar sus vidas.

Por fin, un 29 de enero los Machado llegan a Collioure al hotel Bougnol-Quintana, ya en Francia, se les ofrece ayuda solidaria, asilo en varios lugares, como la Unión Soviética, pero Antonio, enfermo y cansado, prefiere quedarse en aquel pueblecito, tranquilo. En febrero, el terrible esfuerzo pasó factura, su enfermedad se agrava día a día; y, el 22 de febrero, muere. Su madre, Ana Ruiz, murió tres días después, un 25 de febrero. Los dos están enterrados en Collioure. ¡Qué disparate!.

Antes, en 1936, un 24 de noviembre, los intelectuales se vieron forzados a huir de Madrid, el gobierno, también inició su éxodo, instaurándose en Valencia. Los Machado fueron acogidos en Rocafort, en Villa Amparo, aún está allí la casa, cerca de la estación. En este mismo año murieron grandes como Valle-Inclán, un 5 de enero, o Unamuno, un 31 de diciembre, agujeros en el corazón de Antonio.

En 1937, en la revista Hora de España, que fundaron y dirigieron Rafael Dieste. Antonio Sánchez Barbudo, Ramón Gaya y Juan Gil-Albert; y a la que, más tarde, se unieron María Zambrano y Arturo Serrano Plaja, se publican los bellos textos en los que Antonio Machado expresa sus pensamientos con bella forma, Juan de Mairena, y que abren, en  cada número, la sección de ensayos de la revista.

http://www.filosofia.org/hem/193/hde/hde01007.htm

Todavía en Valencia, en 1937, participa el 12 de enero en la Conferencia Nacional de Juventudes Socialistas y, el 1 de mayo, en un acto al aire libre, lee su “Discurso a las Juventudes Socialistas Unificadas”.

Machado, a pesar de su enfermedad, lucha por una batalla que ya huele a perdida, nos queda una carta donde expresa su lucha y su estado, 62 años, la carta va dirigida al escritor ruso David Vigodsky y dice:

“En efecto, soy viejo y enfermo, aunque usted por su mucha bondad no quiera creerlo: viejo, porque paso de los sesenta, que son muchos años para un español; enfermo, porque las vísceras más importantes de mi organismo se han puesto de acuerdo para no cumplir exactamente su función. Pienso, sin embargo, que hay algo en mí todavía poco solidario de mi ruina fisiológica, y que parece implicar salud y juventud de espíritu, si no es ello también otro signo de senilidad, de regreso a la feliz creencia en la dualidad de sustancias.
De todos modos, mi querido Vigodsky, me tiene usted del lado de la España joven y sana, de todo corazón al lado del pueblo, de todo corazón también enfrente de esas fuerzas negras –¡y tan negras!– a que usted alude en su carta.
En España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha asombrado al mundo, a mí me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos –nuestros barinas– invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. En España, no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia es entre nosotros un deber elementalísimo de gratitud.”

En julio de 1937 participa, también, en el II Congreso Internacional de Escritores, que se celebra en Valencia, organizado por la Alianza Internacional de Escritores Antifascistas, solidarios intelectuales de todo el mundo con la República. Formaban parte de la delegación española: Benavente, Álvarez del Vayo, Ricardo Baeza, Margarita Nelken, María Teresa León, Bergamín, Alberti, Navarro Tomás y León Felipe. En este Congreso, Machado lee el discurso de clausura que se titula: Sobre la defensa y la difusión de la cultura:

“Entre nosotros, españoles, nada señoritos por naturaleza, el señoritismo es una enfermedad epidérmica, cuyo origen puede encontrarse, acaso, en la educación jesuítica, profundamente anticristiana y –digámoslo con orgullo perfectamente antiespañola. Porque el señoritismo lleva implícita una estimativa errónea y servil, que antepone los hechos sociales más de superficie –signos de clase, hábitos e indumentos– a los valores propiamente dichos, religiosos y humanos. El señoritismo ignora, se complace en ignorar –jesuíticamente– la insuperable dignidad del hombre. El pueblo, en cambio, la conoce y la afirma, en ella tiene su cimiento más firme la ética popular. «Nadie es más que nadie» reza un adagio de Castilla. ¡Expresión perfecta de modestia y de orgullo! Sí, «nadie es más que nadie» porque a nadie le es dado aventajarse a todos, pues a todo hay quien gane, en circunstancias de lugar y tiempo. «Nadie es más que nadie», porque –y éste es el más hondo sentido de la frase–, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. Así habla Castilla, un pueblo de señores, que siempre ha despreciado al señorito”

También, en esta época, publica lo que será su último libro, La Guerra con ilustraciones de su hermano José.

Así, que Antonio Machado estuvo en Valencia desde noviembre del 1936 hasta marzo de 1938 que, huyendo del avance de los Nacionales, se trasladó a Barcelona.

“Escribir para el pueblo –decía mi maestro– ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas inagotables que no acabamos nunca de conocer. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra. Por eso yo no he pasado de folklorista, aprendiz, a mi modo, de saber popular. Siempre que advirtáis un tono seguro en mis palabras, pensad que os estoy enseñando algo que creo haber aprendido del pueblo.”

...

... Al morir encontraron en sus bolsillos este verso, quizás el último que nacía queriendo ser poema y acabó en epitafio de luz y esperanza: "Estos días azules y este sol de la infancia”...

 

Y, no dejó:

Estas rachas de marzo, en los desvanes,
hacia la mar del tiempo; la paloma
de pluma tornasol, los tulipanes
gigantes del jardín, y el sol que asoma,
bola de fuego entre morada bruma,
a iluminar la tierra valentina…
¡Hervor de leche y plata, añil y espuma,
y velas blancas en el mar latina!
Valencia de fecundas primaveras,
de floridas almunias y arrozales,
feliz quiero cantarte, como eras,
domando a un ancho rio en tus canales,
al dios marino con tus albuferas,
al centauro de amor con tus rosales
.

Antonio Machado
Rocafort, 1937

 

Sus poemas:

http://www.poesia-inter.net/Antonio_Machado.htm

...

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

...

 

Por otro, lado Manuel Machado, hermano de Antonio, al llegar Franco a Madrid, en 1939, le dedicó una poesía: Al sable del Caudillo, que le valió el reconocimiento del régimen franquista.

 

 

“Para descubrir la cuarta dimensión de vuestro pensamiento, buscad el perfil gedeónico de vuestras paradojas, en el espejo bobo de vuestra sabiduría.de Juan de Mairena

 

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