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Febrero Loco

Madre

Madre

  

Madre

                                    A JAM                               

 

Ya sólo lo que irrita, ya sólo el temor,

ya solo y temiendo el decir “ya solo”.

Ya enloqueciendo, los que me rodean

cerrándose un círculo día a día.

 

Ya solo, ya perdiendo la memoria,

el sentido de las distancias.


Ya solo perdiéndolo todo

ya solo, ya inútil decir palabra alguna

sabiendo que sólo existen oídos de cera

derretidos casi por completo,

ensordecidos por completo. Ya sólo herido

ya solo hiriendo en contrapartida

para ahuyentar aquello que más necesito.


Ya sólo te hiero con un arma inútil;

amada de besos siempre nuevos

en la noche pasen años o días,

ya solo amada rompo a hablarte

tiernamente enamorado.

 

Y te vas fundiendo en tu memoria

en el tiempo, en el espacio

te pierdes, lo leo en tus ojos, te vas,

desapareces por instantes con la rapidez del infinito.

 

Amada tus ojos están tristes de silencios profundos,

amada tus ojos ya no hieren ni provocan emoción,

amada tus ojos están.... muertos.

 

Deambulo por las noches perdido en dolores

que nunca conseguí esquivar,

en dolores repentinos que me asaltan

que me hunden en un ser diminuto

que ni tan siquiera encuentra sus pies.

 

Ya solo amada, anulado, enmudecido por el frío y el silencio,

apabullado de mis propias palabras que quiero reflejar

cargadas de entusiasmo y mueren en los labios.

Aspavientos de brazos interrumpidos por tu mirada

que tristemente me corrobora “no es esa la mejor forma de herirme”.

 

Búscame en cada barra de bar terriblemente embriagado,

búscame en las calles oscuras

con aullidos lastimosos escapándoseme,

búscame en las playas nocturnas heridas por la luna,

búscame allí donde sólo permanezca fiel el silencio,

como una penitencia esperando no ser percibido,

silencio ensordecedor que tropieza con el silencio

que hay en mi pecho y acorrala a mi, en medio, indefenso.

 

Ya sólo amada te pido que me dejes llorar sobre tu hombro

como un rito que nunca hemos cumplido.

 

Ya sólo te pido que me dejes acariciar tus pechos,

estrujarlos, morderlos con desesperación de destetado temprano.

 

¡Madre!, vuelve a crecer en mi recuerdo como un Dios de granito,

como una Juana de Arco triunfante,

desaparece de mi recuerdo encorvada, indefensa,

llorando con enorme desesperación y tristeza.

 

¡Madre!, aleja de mi aquellos recuerdos

que me plantaron de golpe en la realidad que estábamos viviendo.

 

¡Madre!, mátame, termina conmigo,

deja que te acompañe hasta la puerta

donde suspiraste y yo te miraba, vacío.

 

Durante años te he sido fiel

he seguido tus ritos

implacables de dureza cristalina

motivados por el dolor,

pero ahora he llegado a un punto

en que debo morir o comenzar a vivir mi vida,

tan distinta, de la que siguió el rastro

de la cera que postcedió a tu entierro,

infinitamente fugada hacia el horizonte, ¡madre!.

 

Y me he encontrado tras seguir ese rastro resbaladizo,

de repente, con tu tumba, aquella tumba en la que yo

te abrazaba sin querer que te llevaran a lo hondo,

aquella tumba donde clavé mis uñas

pero, ¡madre!, ahora he llegado a ella y siento lo inútil

de mi esfuerzo, me enfrento ahora realmente con tu muerte.

 

Quizá si hubiera sido yo quien te quitara la vida aquel día,

que lo pedías a gritos, aquel día que me quede solo

y salí corriendo, sin entender si aquella situación podía

tener continuación posible para alguno,

aquel día que creí que ya no volvería a verte,

aquel día que me sentí tan culpable de tu llanto,

 

¡Madre!, explícame dónde estuviste

antes y después de irte abandonándonos

explícame qué pasó y si mi presencia lo habría evitado.

 

¡Madre!, explícame cómo puedo yo creer en nadie

después de la “humillación”· que sufriste.

 

¡Madre!, ven a llevarme contigo

hacerme tu compañero

en esa agonía dulce

que salió de tus labios.

 

Sare Höltrah (1985)

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