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Tristemente Yemen

Tristemente Yemen

Desgraciadamente conocemos lugares y nombres por noticias terribles. He encontrado este texto de Yemen:

La República de Yemen ocupa una pequeña esquina de la gran península Arábiga, al sur, prácticamente lindando con África, con esa Etiopía con la que guarda tantas relaciones legendarias y culturales.

Los datos físicos nos indican que limita con Arabia Saudí al Norte; con el sultanato de Omán Este; con el Océano Índico al Sur y con el Mar Rojo al Oeste. Un enclave privilegiado que le confiere su singular naturaleza.

Siempre que pensamos en Arabia, a la mente se nos viene un sol abrasador y las altas dunas ardientes del desierto. Y de todo ello hay en Yemen, por supuesto. De hecho, adentrarnos en el desierto y disfrutar del silencio, la soledad y los grandes espacios abiertos del mismo, es uno de nuestros objetivos para este viaje.

Pero en Yemen hay más. Hay mar, hay costas, playas y cadenas montañosas que se atraviesan a través de unos vertiginosos pasos de los que dejan helada la sangre.

Yemen, por desgracia, también trae ecos de guerra y violencia. Reunificado como un solo país en 1990, las antiguas República Democrática del Yemen y República Árabe de Yemen se desangraron durante años en una cruel guerra civil que dejó el saldo habitual de muerte y destrucción que siempre asola las zonas en guerra.

Tras la reunificación, Yemen ha tenido un devenir geopolítico complicado cuando apoyó las tesis de Sadam Hussein durante la Primera Guerra del Golfo, lo que conllevó su aislamiento internacional y su alineamiento por parte de los EE.UU. entre los países que conformaban el temible y diabólico Eje del Mal. Ello supuso que, por ejemplo, miles de yemeníes que trabajaban en Arabia y en otros países productores de petróleo, que mandaban sustanciosas remesas de dinero a su país todos los meses, fuesen expulsados y devueltos al Yemen, donde se creó una complicada situación para su reasentamiento.

Pero los datos físicos y geográficos no sirven para describir una tierra mágica, legendaria y mítica, perteneciente a la estirpe de Samarcanda, Petra, Palmira y otras tierras de caravanas, mitos y leyendas.

Autores clásicos como Heródoto o Diodoro de Sicilia ya hablaban, en la antigüedad, de esa Arabia Feliz de la que provenían los aromas a especias, a incienso y a mirra. Aromas exóticos y evocadores que los yemeníes racionaban con sabiduría y talento.

A fin de cuentas, en Yemen existe una ciudad, Moka, de dónde provenía el café, una bebida aromática y muy codiciada. El café de Moka era casi un monopolio, pero unos navegantes portugueses consiguieron sacar unas semillas de contrabando, que germinaron con éxito en sus colonias, acabando con la situación privilegiada que la ciudad costera yemení había disfrutado hasta entonces, aunque la denominación de origen sí ha perdurado en el tiempo.

Siempre pasa lo mismo con las ciudades y las tierras caravaneras: cuando las rutas comerciales cambian lo algunos de los productos estrella con que comerciaban pasa de moda, prósperas áreas decaen de inmediato y pierden protagonismo en el concierto internacional.

Al Yemen le pasó, no en vano era una de las grandes productoras de incienso y mirra, elementos muy utilizados en todo tipo de ceremonias paganas y que alcanzaban un valor incalculable.

No olvidemos que los Magos de Oriente, como regalos al Mesías recién nacido, además de oro, portaban incienso y mirra.

Pero con el cambio de costumbres y de religión, dejaron de usarse en el culto ambos productos, con lo que la prosperidad de Yemen cayó en picado. La globalización, como vemos, atañe a personas de todos los países... y de todas las épocas.

Por cierto, la moneda yemení es el Rial, cuyo origen, como fonéticamente suena, está en el Real de Castilla, comunidad que enviaba a sus comerciantes a tierras yemeníes para que adquirieran los sofisticados productos que venían de Oriente.

Arabia Feliz. Hermoso nombre para una tierra feraz, ubérrima y singular que ha atraído a multitud de visitantes a lo largo de los siglos. De Salomón, que viajara a conocer a la famosa Reina de los sabeos; a artistas como Rimbaud, Pier Paolo Pasolini, Wilfred Thesiger o Alberto Moravia.

LA RELIGION

Las leyendas de Salomón y la Reina de Saba han caminado de la mano desde tiempos inmemoriales, figurando el relato de sus amoríos tanto en el Corán como en la Biblia. Un mito fundacional para dos países, Etiopía y Yemen que, sin embargo y en materia de religión, han evolucionado de manera muy distinta.

Mientras los yemeníes no tardaron en aceptar el Islam, “la última verdad revelada”, que nació en las arenas del desierto arábigo, los etíopes se encastillaron en sus tradiciones y costumbres, manteniendo el rito cristiano ortodoxo o copto. De hecho, para evitar caer bajo el influjo de la nueva religión, los coptos construyeron las grandes catedrales de Lalibela excavadas en la tierra, para que pasaran inadvertidas. Y hasta hoy.

Es llamativo. Tan cerca y tan lejos. ¿Por qué los yemeníes aceptaron el Islam como propio? Quizá porque, en el momento de su nacimiento, las tribus estaban en decadencia y, a través de un nuevo credo, volvían a recuperar prestigio y fortaleza.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros

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