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Febrero Loco

Eolo - Αἴολος - Aeolus

Eolo - Αἴολος - Aeolus

Eolo, era hijo de Arne y su padre fue Hippotes, pero hay quien dice que era hijo de Poseidón, dios de los océanos. Arne confesó a su padre que estaba embarazada de Poseidón, pero su padre no la creyó y la entregó a un extranjero de Metaponto (Italia), que se la llevó a su patria de origen. Arne parió allí dos niños, Beoto y Eolo, que fueron adoptados por el hombre de Metaponto para seguir los designios de un oráculo.

Cuando ambos crecieron hasta la edad adulta tomaron por la fuerza el poder en Metaponto. Pero su madre natural: Arne, y su madre adoptiva: Autolite, discutieron y a raíz de esta disputa los hermanos mataron a Autolite y escaparon de Metaponto. Eolo llegó a ciertas islas del Mar Tirreno, que por su nombre recibieron el nombre de Islas Eólicas y, algunos dicen que fundó la ciudad de Lípara. Allí actuó como rey justo y piadoso, se comportó benévolamente con los nativos y les enseñó a usar los barcos para navegar y, por las señales que observaba en el fuego, los advertía de la naturaleza de los vientos que iban a sobrevenir. Según Diodoro, Διόδωρος Σικελιώτης, historiador griego del siglo I a. d. C, es descrito como señor de los vientos. Él, también, fue el que se encontró Ulises durante sus aventuras. Según estas versiones, Eolo, padre de la raza eolia, se relaciona con el señor y dios de los vientos. Así, aparece en la Odisea de Homero pero, sólo aparece como un afortunado gobernante de la flotante isla Eolia, al que Zeus había convertido en el administrador de los vientos, a los que podía aplacar o poner en movimiento a su antojo. Esta afirmación de Homero y la etimología de su nombre a partir del griego ελλαος: tormentoso, fueron la causa de que en tiempos posteriores Eolo fuera contemplado como dios y rey de los vientos, que guardaba encerrados en una montaña. Por consiguiente, fue a él a quien Juno se dirigió cuando quiso destruir la flota de los Troyanos en la Eneida de Virgilio. Pero ya en la Metamorfosis, de Ovidio era considerado un Dios.

En mesoamérica se adoraba a Ehécatl, el numen del viento, y otra forma para denominar a Quetzalcóatl que se distingue por su pico de color rojo, y su cuerpo de color azul. Él fue el encargado de la destrucción por terribles huracanes, de la segunda época o era según los mesoamericanos. Esta era fue llamada Ehécatl-Tonatiuh, el Sol del Viento. Como en todos los cuatro grandes cataclismos mesoamericanos, sólo una pareja se salvó al esconderse en una caverna donde se ven la fauces del monstruo de la tierra, Tlaltecutli. Los demás hombres fueron convertidos en monos. Aunque el viento no sólo causaba destrucción, también, se le relaciona con la creación de los seres humanos. Según el Popol Vuh, Gucumatz, Serpiente Quetzal, experimenta con diferentes materiales para crear a los hombres. Primero los hace de barro, pero no consigue darles vida, así que los destruye con un gran diluvio. El segundo intento es hacerlos de madera, y aunque logra que se reproduzcan no está contento, por lo tanto los convierte en monos y los destruye en una lluvia de resina ardiente. Finalmente con la ayuda de los animales, logra descubrir el material perfecto, el maíz, con cuya masa logra crear a los hombres. Inicialmente sólo fueron cuatro: Balam Quitzé: Jaguar Quiché; Balam Acab: Jaguar Noche; Mahucutah: Nada e Iquí Balam: Viento Jaguar.

Según un mito mixteco sobre la creación hallado en el Códice Vindobonensis, la pareja primordial -Señor 8 Lagarto y la Señora 4 perro sahumaron, es decir, les dieron humo aromático para purificarlas, a 13 piedras preciosas mientras que 2 dioses del inframundo hicieron lo mismo con un pedernal, del cual nació el Señor 9 Viento. Él llega a las comunidades mixtecas acompañado de dos poderosos nahuales, un águila y una serpiente de fuego. Consigo trae las aguas del cielo que reparte en ríos, la tierra y los mares.

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