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Febrero Loco

El arquero Yí 羿 disparó a los nueve soles.

El arquero Yí 羿 disparó a los nueve soles.

 

羿射九日

在帝堯統治的時代,天上十個太陽一起出現,猛烈的陽光無情地燒焦了土地上的稻麥莊稼,曬死了樹木花草。人們沒有食物,饑餓乏力。而猛獸凶禽也由於環境惡化 食物短缺四出為害,以人為食。人間的帝王堯日日夜夜向上天禱告、呼救,於是天帝命令他最勇敢的一個神射手"羿"下界除害。羿長得虎背狼腰,配上天帝所賜的 彤弓素箭,十分威猛。他與妻子嫦娥一起降臨人間。
羿來到原野上,輕舒猿臂,彎弓搭箭,對著天上的十個太陽,一連發出了九枝流星一般的利箭。只聽得颼颼的風聲,箭箭中的,九個太陽紛紛墜地,天地間頓時清涼 下來。羿十分高興,正想鏟滅最後一個太陽,只見匆匆趕來的帝堯急忙向他擺手,堯說:"萬物生長離不開太陽,留下一個吧!"羿恍然大悟,收回了弓箭。地上萬 民感謝羿的巨大功德,但是十個太陽都是天帝的兒子,羿殺死了九個,也得罪了天帝,所以他只好留在人間了。

 

El Emperador Yao

El Emperador Yao era el cuarto de los Cinco Emperadores Míticos, que vivió hacia el siglo XXI a.C. en China. Los acontecimientos más relevantes de su reinado aparecen en el Shujing, primera compilación de textos históricos de China. Como en este libro no se menciona a los emperadores anteriores, se suele citar a Yao como el primer emperador de la Antigüedad. Aunque su vida forma parte de la leyenda, los historiadores confucianistas, como Sima Qian, que le incorpora en sus anales, le consideran un personaje clave, por su particular “virtud” y su contribución a la civilización china.

Yi, ser celestial, era bien venido a las dependencias del insigne emperador, disfrutaba pasando gran parte de su tiempo en su compañía. Durante sus largas visitas, Yi aprovechaba para practicar su tiro y enseñar a los arqueros del reino a administrar su puntería y destreza con mesura. Yi era un arquero al servicio de la humanidad, pero bien era cierto que cuando el emperador Yu hizo su remodelación de China para hacer de sus tierras un lugar mejor para vivir, fue el arquero quien le ayudo a expulsar los dragones y todas las fuerzas del mal confinándolas en las marismas, mientras el emperador realizaba la ardua tarea con sus fieles de canalizar la tierra para que el agua se dirigiese al mar. Estos canales y riachuelos hicieron de China un lugar fértil a su paso. Dicen que Yu se valía del dragón alado y eventualmente se convertía en oso para poder abrir caminos en las enormes montañas, de ahí quizá que fuera posteriormente bautizado como Yu el Grande. En honor y agradecimiento a la ayuda prestada por Yi, el emperador mandó a su mejor herrero forjar un mandilete de oro. Esta soberbia pieza para la diestra mano del arquero, llevaba un grabado de indiscutible belleza y un conjuro protector que solamente el emperador era capaz de descifrar. Si bien, a pesar de la bienaventuranza de la amistad entre el arquero y Yu, se oían comentarios de gente que intentaba concitar al pueblo contra ellos, y el conjuro que protegía esa fraternal relación desechaba de inmediato cualquier mal.

 

羿, disparó a los nueve soles.

Documentos antiguos de inscripciones nos dicen como durante el tiempo de la dinastía Chou (c. 1027-221 A.C.), los chinos creían que existían que Diez soles que apareceían en el cielo alternándose durante la semana China de diez días. Cada día los diez soles viajaban con su madre, la diosa Xi He, al Valle de la Luz en el Este. Allí, Xi He lavaba a sus hijos en el lago y los ponía en las ramas de un enorme árbol de Morera llamado fu-sang. Desde el árbol, solamente un solo sol se ponía en el cielo para el viaje de un día, hasta alcanzar el monte Yen-Tzu en el Oeste lejano.

Cansados de esta rutina, los diez soles decidieron aparecer todos juntos. El calor se acrecentó e hizo la vida en la Tierra insoportable, secando los campos de arros, los árboles, las flores y dejando al hombre sin alimento. Para prevenir la destrucción de la Tierra, el emperador Yao le pidió a Di Jun, el padre de los diez soles, que convenciera a sus hijos de que aparecieran sólo uno cada vez. Ellos no le hicieron caso, entonces Di Jun mandó al arquero Yi, armado con su arco rojo y diez flechas blancas para que asustara a los soles desobedientes. Sin embargo, Yi  les disparó, derribando nueve soles y solamente el Sol que vemos hoy permaneció en el cielo. Di Jun se enojó tanto por la muerte de sus nueves hijos que condenó a Yi, hasta entonces perteneciente al reino celestial, a vivir como un mortal común en la tierra. El emperador Yu lo acogió en su hogar agradecido por el mal que había evitado, devolviendo la paz y la vida al reino y en su lecho el emperador lo vio morir muchos años más tarde. Murió como mortal, pero siempre fue venerado como un dios y no hay una sola persona en China que no haya oído hablar de sus hazañas y facultades. Admirado y respetado, Yi fue siempre considerado un dios en la cultura china, desde entonces y hasta nuestros días.

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