La luna
La luna es el ojo del
animalario de las nubes
Bai lè - 百樂
La luna es el ojo del
animalario de las nubes
Bai lè - 百樂
“Si cada vez que se encarna uno en la vida de aquí, dedicase sus esfuerzos a la sana filosofía, y si no le tocara ser de los últimos en elegir, tendría oportunidades, según lo que se cuenta acerca del más allá, no sólo de ser feliz aquí, sino también de hacer el viaje de este mundo al otro y de vuelta del otro a éste no por el duro camino subterráneo sino por el derecho y celestial.”
(Platón dixit)
Platón Πλάτων, llamado así, dicen, por su ancha espalda similar a un plato ancho, fue alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles, desde muy joven gustaba de escribir poesía, pero la aparcó a un lado arrastrado por la fuerte corriente de las aguas filosóficas en las que Sócrates le depositó. El pensamiento de Platón o el discurrir platónico quedó recogido en sus Diálogos, 36 diálogos, dispuestos en tres grupos: Diálogos Socráticos, de Madurez y de la Vejez, aunque hay quien también incluye un cuarto grupo diferenciado entre el Socrático y el de Madurez que se denomina Etapa de Transición.
Platón y la poesía
Platón explica que los verdaderos poetas -y debido a la particular disposición de su alma- entran en resonancia con los Arquetipos de la Naturaleza. Los compara a un imán que se impregna de fuerza especial; y la transmite, "imantando" a todos aquellos que a él se acercan. El que recita la poesía vuelve a darle vida; pero antes debe participar y sentir dentro de sí esas mágicas ondulaciones que su creador cristalizó en versos.
Confucio decía: "Despiértate con poesía, edúcate con la Música y funda tu carácter en el Li". (Li es la Ley de Armonía que une el Cielo y la Tierra. En lo moral es la Regla de Oro de conducta, aquella por la que el hombre actúa de acuerdo a la Naturaleza).
"Concebían los antiguos que todo el Universo era armónico, regido por los números y proporciones de oro. Esto se reflejó en la ordenación de los sonidos, los que alternados con los silencios, dieron origen a la música, al canto y a la poesía, todos ellos expresión del Hombre que trató desde siempre de hacer surgir de su Alma las misteriosas semillas que los dioses habían depositado en ella, para mejor y más justa comprensión de sí mismo, de la Naturaleza y de Dios. Y como el modelo que podemos llamar "clásico" tiene por característica el aunar lo Bueno, lo Bello y lo Justo -al decir del divino Platón-, los ritmos y las rimas fueron utilizadas con el muy práctico fin de ayudar a la memoria en el recuerdo de arcaicas enseñanzas". (Prof.Livraga)
Platón decía que la poesía es cosa “Sagrada, Ligera y Alada”.
Y de los poetas dice:
"...Los poetas épicos no producen esos bellos poemas por efecto del Arte, sino por estar inspirados y poseídos por un dios. Lo mismo sucede con los buenos poetas líricos: así como los individuos dominados por el delirio de las Coribantes no están en su juicio cuando danzan, tampoco los poetas líricos están en su juicio cuando componen sus hermosos versos; tan pronto como pisan el terreno de la armonía y la cadencia, son arrebatados por poderes báquicos y, bajo el influjo de esta posesión, igual que las bacantes van a abrevarse en las corrientes de leche y miel cuando están poseídas, pero no cuando conservan el juicio, así hacen las almas de los poetas líricos, según ellos mismos confiesan. ”
Platón, también, dijo:
“Estoy seguro de que la verdadera educación tendrá la mayor tendencia a civilizar y humanizar a las personas y a sus relaciones entre ellos, y a aquellos que estén bajo su protección.”
Quizás la poesía es un camino derecho y celestial...
La Caverna de Platón: http://www.geocities.com/diotimaes/caverna.htm Obras de Platón:
http://www.filosofia.org/cla/pla/azcarate.htm
閉 塞 眼 睛 捉 麻 雀
Con los ojos vendados sólo se atrapan gorriones muertos.
Otros diálogos, los de Kong zi:
Zi Lu dijo:
¾Supongamos, maestro, que el príncipe del reino de Mei pide tu colaboración para dirigir los asuntos públicos, ¿a qué concederías mayor importancia al iniciar tu mandato?
El Maestro contestó:
¾Seguramente a la depuración de las ideas, a fin de que cada persona y cosa pudiera ser identificada de modo inequívoco.
Zi Lu comentó:
¾¿Es eso lo que consideras más importante? Creo que estás equivocado, maestro. ¿Por qué consideras necesaria la depuración de las ideas?
El Maestro dijo:
¾Cuán atolondrado eres, Zi Lu: el hombre noble no expresa nunca su parecer sobre lo que no comprende. Si las ideas no son nítidas, las palabras resultan ambiguas; las palabras ambiguas carecen de fuerza para inducir a la acción; donde hay pasividad, no puede florecer el arte ni la moral; un pueblo carente de arte y de moral no podrá ser mantenido en orden ni con castigos ni con suplicios; un pueblo en desorden carece de base donde sostenerse y de guía hacia el que tender los brazos. Por eso el noble se preocupa ante todo de tener ideas claras, de modo que sus palabras sean exactas y adquieran así fuerza para inducir a la acción. El noble busca la máxima precisión en sus palabras, esto es lo más importante.
(Confucio; Lun Yu, 13:3)
http://www.geocities.com/milaocon/confu00.htm
不破不立 - Sin destruir no hay construir
ENVIAJE y sin billete
El gusano cadencioso orea la tierra
los bulbos entienden sus raíces al compás
el lirio enroscado crepita y despliega
azules y violetas a las libélulas
ligereza vibrante que reposa
en las amplias alas de la gaviota
que se ondulan bajo la barca
donde el capitán ordena levar anclas
Henchidas las velas de aliento
siguen estrellas conjuntas.
Anna Nunner
Vicente Aleixandre, poeta de la generación del 27
http://www.geocities.com/hollywood/hills/7985/generacion.htm
nació en Sevilla, pasó su infancia en Málaga y a los trece años se trasladó con su familia a Madrid. En 1928 publicó su primer libro “Ámbito” y su creación fue fluyendo hasta ser merecedora de un Nobel de Literatura que recibió en 1977.
Vicente Aleixandre se nos fue en Madrid en 1984, pero nos dejó una poesía innovadora, de cuerpo sin piel, para ofrecerse pleno de vida, sin temor, dispuesto al sacrificio.
Acaba
En volandas,
como si no existiera el avispero,
aquí me tienes con los ojos desnudos,
ignorando las piedras que lastiman,
ignorando la misma suavidad de la muerte.
¿Te acuerdas? He vivido dos siglos, dos minutos,
sobre un pecho latiente,
he visto golondrinas de plomo triste anidadas en ojos
y una mejilla rota por una letra.
La soledad de lo inmenso mientras medía la capacidad de una gota.
Hecho pura memoria,
hecho aliento de pájaro,
he volado sobre los amaneceres espinosos,
sobre lo que no puede tocarse con las manos.
Un gris, un polvo gris parado impediría siempre el beso sobre la tierra,
sobre la única desnudez que yo amo,
y de mi tos caída como una pieza
no se esperaría un latido, sino un adiós yacente.
Lo yacente no sabe.
Se pueden tener brazos abandonados.
Se pueden tener unos oídos pálidos
que no se apliquen a la corteza ya muda.
Se puede aplicar la boca a lo irremediable.
Se puede sollozar sobre el mundo ignorante.
Como una nube silenciosa yo me elevaré de mí mismo.
Escúchame. Soy la avispa imprevista.
Soy esa elevación a lo alto
que como un ojo herido
se va a clavar en el azul indefenso.
Soy esa previsión triste de no ignorar todas las venas,
de saber cuándo, cuándo la sangre pasa por el corazón
y cuándo la sonrisa se entreabre estriada.
Todos los aires azules...
No.
Todos los aguijones dulces que salen de las manos,
todo ese afán de cerrar párpados, de echar oscuridad o sueño,
de soplar un olvido sobre las frentes cargadas,
de convertirlo todo en un lienzo sin sonido,
me transforma en la pura brisa de la hora,
en ese rostro azul que no piensa,
en la sonrisa de la piedra,
en el agua que junta los brazos mudamente.
En ese instante último en que todo lo uniforme pronuncia la palabra:
ACABA.
El Alma
El día ha amanecido.
Anoche te he tenido en mis brazos.
Qué misterioso es el color de la carne.
Anoche, más suave que nunca:
Carne casi soñada.
Lo mismo que si el alma al fin fuera tangible.
Alma mía, tus bordes,
tu casi luz, tu tibieza conforme.
Repasaba tu pecho, tu garganta,
tu cintura: lo terso,
lo misterioso, lo maravillosamente expresado.
Tocaba despacio, despacísimo, lento,
el inoíble rumor del alma pura, del alma manifestada.
Esa noche, abarcable; cada día, cada minuto, abarcable.
El alma con su olor a azucena.
Oh, no: con su sima,
con su irrupción misteriosa de bulto vivo.
El alma por donde navegar no es preciso
porque a mi lado extendida, arribada, se muestra
como una inmensa flor; oh, no: como un cuerpo
maravillosamente investido.
Ondas de alma..., alma reconocible.
Mirando, tentando su brillo conforme,
su limitado brillo que mi mano somete,
creo,
creo, amor mío, realidad, mi destino,
alma olorosa, espíritu que se realiza,
maravilloso misterio que lentamente se teje,
hasta hacerse ya como un cuerpo,
comunicación que bajo mis ojos miro formarse,
organizarse,
y conformemente brillar,
trasminar ,
trascender,
en su dibujo bellísimo,
en su sola verdad de cuerpo advenido;
oh dulce realidad que yo aprieto, con mi mano, que por
una manifestada suavidad se desliza.
Así, amada mía,
cuando desnuda te rozo,
cuando muy lento, despacísimo, regaladamente te toco.
en la maravillosa noche de nuestro amor.
Con luz, para mirarte.
Con bella luz porque es para ti.
Para engolfarme en mi dicha.
Para olerte, adorarte,
para, ceñida, trastornarme con tu emanación.
Para amasarte con estos brazos que sin cansancio se
ahorman.
Para sentir contra mi pecho todos los brillos,
contagiándome de ti,
que, alma, como una niña sonríes
cuando te digo: « Alma mía... »
Nacimiento del Amor
¿Cómo nació el amor? fue ya en otoño.
Maduro el mundo,
no te aguardaba ya. Llegaste alegre,
ligeramente rubia, resbalando en lo blando
del tiempo. Y te miré. ¡Qué hermosa
me pareciste aún, sonriente, vívida,
frente a la luna aún niña, prematura en la tarde,
sin luz, graciosa en aires dorados; como tú,
que llegabas sobre el azul, sin beso,
pero con dientes claros, con impaciente amor!
Te miré. La tristeza
se encogía a lo lejos, llena de paños largos,
como un poniente graso que sus ondas retira.
Casi una lluvia fina -¡el cielo azul!- mojaba
tu frente nueva. ¡Amante, amante era el destino
de la luz! Tan dorada te miré que los soles
apenas se atrevían a insistir, a encenderse
por ti, de ti, a darte siempre
su pasión luminosa, ronda tierna
de soles que giraban en torno a ti, astro dulce,
en torno a un cuerpo casi transparente, gozoso,
que empapa luces húmedas, finales, de la tarde
y vierte, todavía matinal, sus auroras.
Eras tú, amor, destino, final amor luciente,
nacimiento penúltimo hacia la muerte acaso.
Pero no. Tú asomaste. ¿Eras ave, eras cuerpo,
alma solo? Ah, tu carne traslúcida
besaba como dos alas tibias,
como el aire que mueve un pecho respirando,
y sentí tus palabras, tu perfume,
y en el alma profunda, clarividente
diste fondo. Calado de ti hasta el tuétano de la luz,
sentí tristeza, tristeza del amor: amor es triste.
En mi alma nacía el día. Brillando
estaba de ti; tu alma en mí estaba.
Sentí dentro, en mi boca, el sabor a la aurora.
Mis ojos dieron su dorada verdad. sentí a los pájaros
en mi frente piar, ensordeciendo
mi corazón. Miré por dentro
los ramos, las cañadas luminosas, las alas variantes,
y un vuelo de plumajes de color, de encendidos
presentes me embriagó, mientras todo mi ser
a un mediodía,
raudo, loco, creciente se incendiaba
y mi sangre ruidosa se despeñaba en gozos
de amor, de luz, de plenitud, de espuma.
Unidad en Ella
Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.
Escúchalo:
http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1374
http://amediavoz.com/poetas.htm
早发白帝城
朝辞白帝彩云间,千里江陵一日还。
两岸猿声啼不住,轻舟已过万重山。
***
Zao fa bái dì chéng
Cháo cí bái dì cai yún jian, qian li Jiang líng yi rì hái.
Liang àn yuán sheng ti bú zhù, qing zhou yi guo wàn chóng shan.
*
Partida al alba de la ciudad de Baidi
Digo adiós a Baidi entre las nubes multicolores del alba,
hoy mismo llegaré a mi hogar tras recorrer cien leguas.
Entre el aullar incesante de los monos desde ambas orillas,
se desliza mi barca por un bosque de montañas.
(Poema de Li Bai 李白 (701-762) gran poeta de la dinastía Tang).
Escúchalo:
http://www.confuciusinstitute.net/resources/770
http://www.estudioschinos.com/arte_archivos/Page417.htm
Dos vacíos van despejando huecos
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Cuando yo me muera
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.
Cuando yo me muera,
entre los naranjos
y la hierbabuena.
Cuando yo me muera,
enterradme, si queréis,
en una veleta.
¡Cuando yo me muera!
+
Para ver que todo se ha ido,
para ver los huecos y los vestidos,
¡dame tu guante de luna,
tu otro guante perdido en la hierba,
amor mío!
Puede el aire arrancar los caracoles
muertos sobre el pulmón del elefante
y soplar los gusanos ateridos
de las yemas de luz o las manzanas.
Los rostros bogan impasibles
bajo el diminuto griterío de las yerbas
y en el rincón está el pechito de la rana,
turbio de corazón y mandolina.
En la gran plaza desierta
mugía la bovina cabeza recién cortada
y eran duro cristal definitivo
las formas que buscaban el giro de la sierpe.
Para ver que todo se ha ido
dame tu mudo hueco, ¡amor mío!
Nostalgia de academia y cielo triste.
¡Para ver que todo se ha ido!
Dentro de ti, amor mío, por tu carne,
¡qué silencio de trenes bocaarriba!
¡cuánto brazo de momia florecido!
¡qué cielo sin salida. amor, qué cielo!
Es la piedra en el agua y es la voz en la brisa
bordes de amor que escapan de su tronco sangrante.
Basta tocar el pulso de nuestro amor presente
para que broten flores sobre los otros niños.
Para ver que todo se ha ido.
Para ver los huecos de nubes y ríos.
Dame tus manos de laurel, amor.
¡Para ver que todo se ha ido!
Ruedan los huecos puros, por mí, por ti, en el alba
conservando las huellas de las ramas de sangre
y algún perfil de yeso tranquilo que dibuja
instantáneo dolor de luna apuntillada.
Mira formas concretas que buscan su vacío.
Perros equivocados y manzanas mordidas.
Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil
que no encuentra el acento de su primer sollozo.
Cuando busco en la cama los rumores del hilo
has venido, amor mío, a cubrir mi tejado.
El hueco de una hormiga puede llenar el aire,
pero tú vas gimiendo sin norte por mis ojos.
No, por mis ojos no, que ahora me enseñas
cuatro ríos ceñidos en tu brazo,
en la dura barraca donde la luna prisionera
devora a un marinero delante de los niños.
Para ver que todo se ha ido
¡amor inexpugnable, amor huido!
No, no me des tu hueco,
¡que ya va por el aire el mío!
¡Ay de ti, ay de mí, de la brisa!
Para ver que todo se ha ido.
Yo.
Con el hueco blanquísimo de un caballo,
crines de ceniza. Plaza pura y doblada.
Yo.
Mi hueco traspasado con las axilas rotas.
Piel seca de uva neutra y amianto de madrugada.
Toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo.
Canta el gallo y su canto dura más que sus alas.
Yo.
Con el hueco blanquísimo de un caballo.
Rodeado de espectadores que tienen hormigas en las palabras.
En el circo del frío sin perfil mutilado.
Por los capiteles rotos de las mejillas desangradas.
Yo.
Mi hueco sin ti, ciudad, sin tus muertos que comen.
Ecuestre por mi vida definitivamente anclada.
Yo.
No hay siglo nuevo ni luz reciente.
Sólo un caballo azul y una madrugada.
*
No te detengas
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...
*