¡¡¡Eia Hurra!!! Aimé Cesairé (1913-2008)
Aimé Fernand David Césaire, nació un 26 de junio de 1913 y nos dejó ayer 17 de abril del 2008. Aimé Césaire: poeta, ensayista, estadista, dramaturgo y trabajador social de Martinica.
Cuaderno del Retorno a una Tierra Nativa (Fragmentos)
Oh amistosa luz
Oh fresco manantial de luz
Esos que no han inventado nada, ni la pólvora, ni la brújula
Esos quienes no pueden utilizar ni los motores, ni la electricidad
Esos quienes no han explorado ni los mares, ni los cielos
Sin los cuales la tierra no sería la tierra[…]
Mi negritud no es una piedra, su sordera arrojada contra el clamor del día
Mi negritud no es un líquido que fenece sobre el ojo muerto de la tierra
Mi negritud no es torre ni catedral
Ella establece raíces en la roja carne de la tierra
Ella establece raíces en la ardiente carne de los cielos
Ella rompe a través de la opaca postración con su proba paciencia
¡Eia por la real Cailcedra!
Eia por esos que nunca han inventado nada
Por esos que nunca han explorado nada
Por esos que nunca han conquistado nada
Pero permanecen cautivados por la esencia de todas las cosas
Ignorantes de las superficies, pero cautivados por la moción de todas las cosas
Indiferentes a la conquista, pero jugando el juego del mundo
Poros de toda la respiración del mundo
Lugar fraternal de toda la respiración del mundo
In consumible canal para todas las aguas del mundo
Destello de fuego sagrado del mundo
Carne de la carne del mundo pulsando contra la moción del mundo […]
Escuchen al mundo blanco
Horriblemente fatigado por sus inmensos esfuerzos
Sus rígidas articulaciones estallan bajo las duras estrellas
Escucha la rigidez de su acero azul atravesar la carne mística
Sus engañosas victorias andan espiando sus derrotas
Escucha las grandiosas coartadas de sus compasivos tropiezos
¡Compasión para nuestros omniscientes e ingenuos conquistadores ¡
Eia por duelo y sus ubres de reencarnadas lágrimas
Por esos que nunca han explorado nada
Por esos que nunca han conquistado nada[…]
Concédeme la salvaje fe del hechicero
Concede a mis manos el poder de amoldar
Concede a mi alma el temperamento del sable
No vacilaré. Haz de mi cabeza un testaferro
Y de mí, mi corazón, no me conviertas ni en padre, ni en hermano,
Ni en hijo, sino en padre, hermano, e hijo
No esposo, sino en el amante de esta única gente[…]
Haz de mí comisario de su sangre
Haz de mí depositario de su resentimiento
Haz de mí un hombre del final
Haz de mí un hombre del principio
Haz de mí un hombre de meditación
Pero también haz de mí un hombre de germinación
Haz de mí el ejecutor de estas sublimes palabras
El tiempo ha llegado para tomar acción como un hombre valiente –
Pero en hacerlo, mi corazón, presérvame de todo odio
No me conviertas en ese hombre repulsivo por quien sólo siento odio
Porque atrincherado como estoy en esta raza única
Tú sabes de mi amor tiránico
Tú sabes que no es del odio a otras razas
Que yo demando un azadón para esta raza única
Que lo que quiero
Es por hambre universal
Por sed universal
Los de Raza Pura
He aquí a través de mi oído tramado de rechinamientos
de dientes
y de cohetes sincopar de rudas fealdades
los cien caballos de raza pura relinchantes del Sol
en medio del marasmo.
¡Ah! Siento el infierno de las delicias
y por las brumas olorosas a huecos podridos imitando
desgreñadas
cabelleras –esperas respiraciones de ancianos
imberbes- la tibieza mil veces feroz
de la locura aullante y de la muerte.
Mas cómo, cómo no bendecir,
tal como no lo han soñado mis lógicas,
dura, agrietando a contrapelo su nauseabundo
hacinamiento
y su saburra y más patética
que la flor fructificante,
cómo no bendecir la polilla lúcida de las sinrazones.
Y oigo el agua que brota,
la nueva, la intocada, la eterna,
hacia el aire renovado.
¿Dije el aire?
Un menstruo de cadmio con gigantescas vejigas
expalmadas de albayalde de blancas mechas
de tormenta.
Paisaje esencial.
Tallados en la propia luz fulgurantes nopales
auroras crecientes inauditos blanqueos
enraizadas estalagmitas portadoras de luz
Oh ardientes latescencias prados hialinos
nevados haces
hacia los ríos del neroli dócil de los setos
maduran incorruptibles de lejana mica
su dilatada incandescencia.
El párpado de los rompientes vuelve a cerrarse –Preludio-
tintinean las yucas audiblemente
¿Quién
rapa
y arrapa
el rebumbio, más allá del corazón embarullado de este
tercer día?
¿Quién se pierde y se desgarra y se ahoga
en las enrojecidas olas de Siloé?
Ráfaga.
Las luces flaquean. Los ruidos rizoforan
y la rizófora
humea
silencio.
Bosteza el cielo de ausencia negra.
y he aquí que van
vagabundaje anónimo
hacia las seguras necrópolis del poniente
soles lluvias galaxias
fundidos en fraterno magma
y la tierra olvidada ya la soberbia de las tormentas
que en su vaivén orla desgarrones
perdida paciente en pie
endureciendo salvajemente la invisible marga de las conchas
fósiles
se extingue
y la mar pone a la tierra un collar de silencio
la mar que fuma la paz sacrificial
en que se entreveran nuestros estertores inmóvil con
extrañas perlas y mudas maduraciones
abisales
la tierra bota a la mar una comba de silencio
en el silencio
y he aquí la tierra sola
sin temblor ni contracción brusca de los músculos
sin azote de raíz
ni perforación de insecto
vacía
vacía como el día antes amanecida…
-¡Gracia!,¡gracia!
¿Quién clama gracia?
Puños abortados aglomeraciones taciturnas ayunos
hurra por la partida lírica
ardientes metamorfosis
licencias fulminantes
fuego, oh fuego
relámpago de nieves absolutas
caballería de química estepa
sacada de la mar con la marea de ibis
el semáforo aniquilado
suena en las amígdalas del cocotero
y veinte mil ballenas soplando
a través del líquido abanico
un núbil manatí mastica la brasa de los orientes.
Entre otras matanzas
Con todas sus fuerzas el sol y la luna se estrellan
los luceros caen como testigos demasiado maduros
y como una lechigada de ratones grises
no temas nada prevé tus crecidas aguas
que si bien se llevan la ribera de los espejos
han salpicado lodo en mis ojos
y veo veo terriblemente yo veo
que de todas las montañas de todas las islas
sólo restan los pocos dientes cariados
de la impenitente saliva de la mar
Yo reencontraré el secreto
Yo reencontraré el secreto del gran diálogo,
el secreto de las grandes combustiones.
Diré tormenta, río, diré tornado.
Diré hoja. Diré árbol.
Me mojarán todas las lluvias,
brillaré humedecido por todos los rocíos.
Igual que la sangre arrebatada en la corriente lenta del ojo de las palabras,
como caballos furiosos, como niños muy pequeños,
como coágulos, cubrefuegos, como ruinas de templo, como joyas,
correré lejos, lo suficientemente lejos como para desalentar a los mineros.
El que no me entienda, tampoco entenderá el rugido del tigre.
Soy el que canta con la voz
aherrojada en el jadeo de los elementos.
Es dulce ser nada más que un pedazo de madera,
un corcho,
una gotita de
agua en las aguas torrenciales del comienzo y del fin.
Es dulce abandonarse en el corazón destrozado de las cosas.
La poesía nace con el exceso, la desmesura, con la búsqueda acuciada por lo Vedado.
Poema para el Alba
Arrebatos de carne viva
en los estíos explayados de la corteza cerebral
han flagelado los contornos de la tierra
los ranforinquios en el sarcasmo de sus colas
captan el viento
el viento que ya no tiene espada
el viento que ya no es sino una caña de pescar los frutos de
todas las estaciones del cielo
manos abiertas
manos verdes
para las bellas fiestas de las funciones anhídridas
nevarán adorables crepúsculos sobre las manos tronchadas de las
memorias respirantes
y de ahí
sobre las grietas de nuestros labios de Orinoco desesperado
la feliz ternura de las islas mecidas por el pecho adolescente
de las fuentes del mar
y en el aire y en el pan siempre renaciente de los esfuerzos
musculares
el alba irresistible abierta bajo la hoja
cual claror el impulso espinoso de las belladonas.
Sol serpiente
Sol serpiente ojo fascinado a mi ojo
y la mar piojenta de islas chascando los dedos de rosas
lanzallamas y mi cuerpo intacto de fulminado
el agua exalta los cascos de buques de luz perdidos
en la garganta sin gloria
de los torbellinos de témpanos que aureolan el corazón
humeante de los cuervos
nuestros corazones
es la voz de los rayos amansados girando en sus goznes
de hendijas
transmisión de anolis al paisaje de vidrios quebrados
son las flores vampiros en relevo de orquídeas
elixir del fuego central
fuego justo mando de noche henchido de abejas
mi deseo un azar de tigres sorprendidos en los azufres
pero el despertar estañoso se dora con los infantiles
yacimientos
y mi cuerpo de guijarro comiendo pescado comiendo
palomas y sueños.
el azúcar de la palabra Brasil en el fondo de la ciénaga.
Eslabón de la cadena Con trozos de cordel
con recortes de madera
con todos los despojos de todo
con golpes bajos
con hojas secas recogidas con pala
con restos de sábanas
con lazos desgarrados
con eslabones de cadena forzados
con huesos de morena
con látigos arrancados
con caracolas marinas
con banderas y tumbas descabaladas
por rombos
y trombas
construirte
Blues de la lluvia
Aguacero
Bello músico
Al pie de un arbol desvestido
Entre las armonias perdidas
Cerca de nuestras desencuadernadas memorias
Entre nuestras manos de derrota
Y pueblos de extraña fuerza
Dejamos colgar nuestros ojos
Y naciente
Desenrollando el cordon de un dolor
Sollozamos.
AIMÉ CESAIRE
MARTINICA
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