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Febrero Loco

Poesía/Poetry

Miguel Hernández Gilabert (1910-1942), poeta

Miguel Hernández Gilabert (1910-1942), poeta

Miguel Hernández nació en Orihuela (Alicante) un 30 de octubre de 1910 y se nos perdió un 28 de marzo de 1942, con 31 años, en Alicante. Juzgado y condenado a muerte en 1940 murió, dos años después, en la enfermería del Reformatorio de Adultos donde fue trasladado en 1941 y donde compartió celda con Buero Vallejo. Una bronquitis no tratada, el tifus y, finalmente, una tuberculosis que le consumió y... se nos perdió… un gran hombre…  y un gran poeta.

 

Todo es bueno
y lo hacemos malo
con nuestro veneno.

 

(dijo.)

 

 

Este poema de Miguel, fechado un 28 de febrero de 1937 y escrito en Valencia, dice:

 

Tu famosa, tu mínima impotencia
desparramar intento
sin detener el paso ni un instante.
Para lo tal, me apeo en mi paciencia,
pulso un acordeón llorón de viento
y socarrón de voz, y ya es bastante.

Tu cornicabreada decrepitud purgente
exige estos reparos de escritura,
y con ellos ayudo a someterse,
no al manicomio, al tonticomio oscuro
que tu idiotez, sin mezcla de locura,
pide hasta que la muerte
venga a sacar tu vida de este apuro.

Llevas el corazón con cuello duro,
residuo de una momia milenaria,
concurso de idiotas,
que necesitas la alabanza diaria,
y descosido en la alabanza explotas.

Cocodrilito pequeñito, ñito,
lagartija de astucia,
mezquina, subterránea, con el rabo marchito,
y la mirada alcantarilla sucia.

Tarántula diabética y escuálida,
forúnculo político y gramático,
repúblico de triste mierda inválida,
oráculo, sarcófago enigmático.

Demócrata de dientes para fuera,
altares solicita tu zapato.
No hagas más reflexiones de topo y madriguera
en tu conejeril rincón de mentecato.

Humo soberbio, sapo que te hinches
cuando oyes un piropo:
disuélvete en berrinches,
resuélvete, desaparece, topo.

España no precisa
tu vaciedad de calabaza neta,
tu mezquindad que duele y que da risa,
tu vejez inconcreta,
venenosa, indecisa.

No te toca la sangre de los trabajadores,
sus muertes no salpican tu chaleco,
no te duelen sus ansias ni su lucha:
tu tiniebla trafica con sus puros fulgores,
su clamor no halla en ti ni voz ni eco,
tu vanidad su mismo ruido escucha
como un sótano seco.

Hay ojos que derraman raíces amorosas,
sobre tus ojos tienes
uñas que a hacerse dueñas de las cosas
avanzan por tus sienes.

Necesitan incienso e incensario
tu secundaria vida,
tu corazón de espino secundario,
tu soberbia de zarza consumida.

Sobre tu pedestal o tu peana,
monumento de oficio,
cuando tu salvación está cercana
quieres llevar un pueblo al precipicio.

Te rebuznó en el parto tu madre, y más valiera
a España que jamás te rebuznara
con esa cara de escobilla fiera,
de vieja zorra avara.

No llevarás mi pueblo a la derrota,
dictador fracasado, rey confuso,
y caerás por la punta de una bota
sobre tus flacos días puesta en uso.



(Y eran tiempos de elegías…)

 

Elegía Primera

 

A Federico García Lorca, poeta.

 

Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.

Verdura de las eras,
¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.

El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.

Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasada con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.

Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.

Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.

Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.

Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.

¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.

Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.

Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.

Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.

Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.

Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.

Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellinos de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.

No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que el calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.

Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.

Pero el silencio puede más que tanto instrumento.

Silencioso, desierto, polvoriento
que la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.

Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.

Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.

(y de cobardes…)

 

Los Cobardes

 

Hombres veo que de hombres
sólo tienen, sólo gastan
el parecer y el cigarro,
el pantalón y la barba.

En el corazón son liebres,
gallinas en las entrañas,
galgos de rápido vientre,
que en épocas de paz ladran
y en épocas de cañones
desaparecen del mapa.

Estos hombres, estas liebres,
comisarios de la alarma,
cuando escuchan a cien leguas
el estruendo de las balas,
con singular heroísmo
a la carrera se lanzan,
se les alborota el ano,
el pelo se les espanta.
Valientemente se esconden,
gallardamente se escapan
del campo de los peligros
estas fugitivas cacas,
que me duelen hace tiempo
en los cojones del alma.

¿Dónde iréis que no vayáis
a la muerte, liebres pálidas,
podencos de poca fe
y de demasiadas patas?
¿No os avergüenza mirar
en tanto lugar de España
a tanta mujer serena
bajo tantas amenazas?
Un tiro por cada diente
vuestra existencia reclama,
cobardes de piel cobarde
y de corazón de caña.
Tembláis como poseídos
de todo un siglo de escarcha
y vais del sol a la sombra
llenos de desconfianza.
Halláis los sótanos poco
defendidos por las casas.
Vuestro miedo exige al mundo
batallones de murallas,
barreras de plomo a orillas
de precipicios y zanjas
para vuestra pobre vida,
mezquina de sangre y ansias.
No os basta estar defendidos
por lluvias de sangre hidalga,
que no cesa de caer,
generosamente cálida,
un día tras otro día
a la gleba castellana.
No sentís el llamamiento
de las vidas derramadas.
Para salvar vuestra piel
las madrigueras no os bastan,
no os bastan los agujeros,
ni los retretes, ni nada.
Huis y huís, dando al pueblo,
mientras bebéis la distancia,
motivos para mataros
por las corridas espaldas.

Solos se quedan los hombres
al calor de las batallas,
y vosotros, lejos de ellas,
queréis ocultar la infamia,
pero el color de cobardes
no se os irá de la cara.

Ocupad los tristes puestos
de la triste telaraña.
Sustituid a la escoba,
y barred con vuestras nalgas
la mierda que vais dejando
donde colocáis la planta.

 

http://mhernandez.narod.ru/

http://amediavoz.com/hernandez.htm

 

Salvador Espriu i Castelló (1913-1985)

Salvador Espriu i Castelló  (1913-1985)

Salvador Espriu i Castelló

(10 de julio de 1913- 22 de febrero 1985)

 

Perqué l’entonis amb compasiu amor

Que no sigui, però, la cançó de l’odi,

nascuda de la injusta i llarga humiliació.

Ara em despengen uns dits piadosos

de les forques senyorials de la paraula,

i cau a poc a poc la clara pluja

en aquesta terra nostra de pobres sembrats.

Oblido dolçament les ones i les hores,

i la por de morir m’esdevé una tranquil.la

mirada de caminant molt cansat a la porta

de l’hostal silenciós i càlid de la nit.

Enllà quedava la remor de les amples aigües,

em criden al repòs del profund desert,

el meu maligne nombre se salva en la unitat.

 

Para que lo entones con compasivo amor

Que no sea, pues, la canción del odio,

nacida de la injusta y larga humillación.

Ahora me descuelgan unos dedos piadosos

de las horcas señoriales de la palabra,

y cae poco a poco la clara lluvia

en esta tierra nuestra de pobres sembrada.

Olvido dulcemente las olas y las horas

y el miedo de morir me parece una tranquila

mirada de caminante muy cansado en la puerta

del hostal silencioso y cálido de la noche.

Allá quedaba el rumor de las amplias aguas,

me llaman al reposo del profundo desierto,

mi maligno número se salva en la unidad.

 

Final de laberint

Quan aquells dits sensibles

toquin músiques fràgils

i lentament vacil.lin

llums canviant de ciris,

surt de la festa. Mira

quanta nit, quina extrema

solitud se t’emporta,

per la rialla, a l’home

justificat i lliure

que neix del teu silenci.


Final del laberinto

Cuando aquellos dedos sensibles

toquen músicas frágiles

y lentamente vacilen

luces cambiando de cirios,

sal de la fiesta. Mira

cuanta noche, que extrema

soledad se te lleva,

por la risa, al hombre

justificado y libre

que nace de tu silencio.

 

De tan senzill, no t’agradarà

Cansat de tants de versos que no fan companyia

-els admirables versos de savis excel.lents-,

i de mirar com passa l’emperador tot nu,

i del gran plany del vent, aquest vell adversari,

i de l’excés de mi, sense missatge,

ara us diré, amb paraules ben clares,

amb crit elemental, lluny d’artifici,

que vull només parar-me en el camí,

ja decantat amic de l’última injustícia,

i ajaçar-me per sempre, sense recança, mort,

damunt la bona terra.

 

 De tan sencillo, no te gustará

Cansado de tantos versos que no hacen compañía

-los admirables versos de sabios excelentes-,

y de mirar como pasa el emperador todo desnudo,

y del gran quejido del viento, este viejo adversario,

y del exceso de mi, sin mensaje,

ahora os diré, con palabras bien claras,

con grito elemental, lejos de artificio,

que quiero nada más pararme en el camino,

ya decantado amigo de la última injusticia,

y acostarme para siempre, sin sentimiento, muerto,

sobre la buena tierra.

 

Canço de la mort callada

Pregunten: "Et lamentes,
quan t’és donat el càntic?
Nosaltres acceptem
aquesta mort callada.
Humilment estimem
la nostra mort."

Rellotge: rosa, sorra,
rosa, desert. Després?
Por del perdut que mira
la claror de ponent.

Mur de la nit: a penes
la remor d’unes ales
enllà de l’aire, somni
ja presoner. Camino
seguit de prop per passos
en la neu.

I sento com la muda
mort dels homes s’emporta
el meu do de paraules:
esdevé pur silenci
el meu dolor.

 

 Canción de la muerte callada

 Preguntan : « ¿Te lamentas,

cuando te es dado el cántico?

Nosotros aceptamos

esta muerte callada.

Humildemente estimamos

nuestra muerte.”

 

Reloj: rosa, arena,

rosa, desierto. ¿Después?

Miedo del perdido que mira

la claridad de poniente.

 

Muro de la noche: a penas

el rumor de unas alas

más allá del aire, sueño

ya prisionero. Camino

seguido de cerca por pasos

en la nieve.

Y siento como la muda

muerte de los hombres se lleva

mi don de palabras:

se torna puro silencio

mi dolor.

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=fs_BGPGgM68

 

http://www.youtube.com/watch?v=60Rlq-QZaiA&feature=related

 http://www.youtube.com/watch?v=odfNlUhZZFM&feature=related

 

Nube blanca

Nube blanca

 

Nube Blanca

 

El cielo estaba gris aquella tarde,
se ausentaban los besos entre dudas,
y certeros se clavaban en las rosas,
envolviéndolo todo en promesas perdidas.
Yo quiero ser aquel de las primeras horas,
el que ama en silencio y sin estruendo,
con todos los sentidos a mi lado,
con todas las palabras en el nido.
No se por qué murió aquel lucero,
que en una nube blanca se fue al cielo,
sin mas equipaje que una ausencia,
olvidado por todos,
por todos aquellos que maltratan,
y evaden la vida entre sus manos,
degollando palomas,
desterrando la blanca luna,
que llora sin consuelo.
No quiero ser el cómplice de nada,
ni vivir entre lúgubres lamentos,
que nunca dicen nada.
Yo quiero ser aquel de las primeras horas,
y batir la roca como lo hace el mar,
y refugiarme en la espuma de sus olas,
en el semblante que recuerdo blanco,
¡de aquel lucero! que se fue a la nada,
en silencio,
calladamente.
¡Se lo llevó una nube blanca!
¡Se lo llevó!
¡SE LO LLEVÓ!

                                                               Fernando Pérez

 

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

Juan Ramón Jiménez pintado por Joaquín Sorolla

 

Otoño

 

Quememos las hojas secas

y solamente dejemos

el diamante puro, para

incorporarlo al recuerdo,

al sol de hoy, al tesoro

de los mirtos venideros...

 

¡Sólo a la guirnalda sola

de nuestro infinito ensueño,

lo ardiente, lo claro, lo áureo,

lo definido, lo neto!

 

 

Jardín de Octubre

 

Por el jardín anda el otoño. Hay

un crujir de hojas secas y de rasos;

los recuerdos dolientes han venido

a sentarse en la piedra de los bancos...

Hojas secas...jugando con las hojas.

¿Viudez? ¿O tal vez romanticismo?

¿Neurastenia? ¿Agonía? ¿Desengaño?

Entre las ramas negras, sueña una

lividez amarilla en el ocaso;

la opacidad crepuscular lo borra

todo: sol, ilusiones, rosas, ángelus...

La vida -el árbol, el jardín...,¡la muerte!-

está de luto el cielo blanco.

 

 

Otoño

 

Esparce octubre, al blando movimiento

del sur, las hojas áureas y las rojas,

y en la caída clara de sus hojas

se lleva al infinito el pensamiento.

 

¡Qué amenaza paz en este establecimiento

de todo, oh prado bello, que deshojas

tus flores, oh agua, fría ya, que mojas

con tu cristal estremecido el viento!

 

¡Encantamiento de oro! ¡Cárcel pura,

en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,

echado en el verdor de una colina!

 

En una decadencia de hermosura,

la vida se desnuda, y resplandece

la excelsitud de su verdad divina.

 

 

Octubre

 

Estaba echado yo en la tierra, enfrente

del infinito campo de Castilla,

que el otoño envolvía en la amarilla

dulzura de su claro sol poniente.

 

Lento, el arado, paralalelamente

abría el haza oscura, y la sencilla

mano abierta dejaba la semilla

en su entraña partida honradamente.

 

Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,

pleno de su sentir alto y profundo,

al ancho surco del terruño tierno,

 

a ver si con partirlo y con sembrarlo,

la primavera le mostraba al mundo

el árbol puro del amor eterno.

 Juan Ramón Jiménez

 

唐寅《花月吟》十二首

唐寅《花月吟》十二首

 

有花无月恨茫茫,有月无花恨转长。
 花艳似人临月镜,月明如水照花香。 
扶筇月下分花入,携酒花前带月尝。
如此好花如此月,莫将花月作寻常。

花香月色两相宜,惜月怜花卧转迟;
月落漫凭花送酒,花残还有月催诗。
隔花窥月无多影,带月看花别样姿;
多少花前月下客,年年和月醉花枝。

月临花径影交加,花自芳菲月自华;
爱月眠迟花未谢,看花起早月方斜。
长空影动花前月,深院人归月下花;
羡却人间花月意,观花赏月醉云霞。

春宵花月值千金,爱此花香与月阴;
月下花开春寂寂,花羞月色夜沉沉,
杯中月影临花醉,手上花枝对月吟;
明月易亏花易老,月中莫负赏花心。

花开烂漫月光华,月思花情共一家;
月为照花来院落,花因随月上窗纱。
十分皓色花输月,一径幽香月让花;
花月世间成二美,傍花赏月酒须赊。

一庭花月正春宵,花气芬芳月正饶;
风动花枝探月影,天开月镜照花妖。
月中漫击催花鼓,花下轻传弄月箫;
只恐月沉花落后,月台花榭两萧条。

高台明月满花枝,对月看花有所思。
今年月明花好处,去年花病月昏时。
三杯酬月浇花酒,几首评花品月诗。
沉醉欲眠花月下,只愁花月笑人痴。

花发千枝月一轮,天将花月付吟身。
权为月主兼花主,暂作花宾又月宾。
月下花曾留我酌,花前月不厌人贫。
好花好月知多少,弄月吟花有几人。

月转东墙花影重,花迎月魄若为容;
多情月照花间露,解语花摇月下风。
云破月窥花好处,夜深花睡月明中;
人生几度花和月?月色花香处处同。

花正开时月正明,花如罗绮月如银;
溶溶月里花千朵,灿灿花前月一轮。
月下几般花意思?花间多少月精神?
待看月落花残夜,愁杀寻花问月人。

春花秋月两相宜,月竞光华花竞姿;
花发月中香满树,月笼花外影交枝。
梅花月落江南梦,桂月花传郢北词;
花却何情月何意,我随花月泛金卮。

戒尔无贪月与花,才贪花月便忘家;
多情月照花心动,大抵花迷月影斜。
月下看花情不见,花前赏月兴无涯;
月沉花谢云霞尽,花不留人月不赊。

 

Escarabajo

Escarabajo

 

El escarabajo se metamorfea

 

tras comerse su costra-crisálida

 

                                                                                    Bai lè  - 百樂

 

Poemas de Françoise Roy

Poemas de Françoise Roy

 

El signo de los Peces

Es consabido: los peces nadan al revés, pero unidos por el cinturón de Orión, su bisagra de escamas que el agua dibuja. Nadan en la lluvia de tu pleura, uno al sur otro al norte, uno arriba otro abajo, uno hacia las nubes otro hacia la bruma, izquierda derecha. Corres para reconciliarlos, hacer el elogio de la unisonancia, decir “mira el punto medio, el rumbo, el ojo focal”.

Respiras con ese sonido de mar. Oyes un tintinear de copas. En cada ojo te florece un ciclamen. Les encuentras a los peces un parecido con los pájaros (en las dorsales, en su abrigo de mercurio cuando nadan alto entre los cumulonimbus). El retorcerse grácil de la luz es una mimetización que adquieren en sus respectivos elementos.

Ah, las lágrimas son pequeñas flores del gran mar.

 

 

Le signe des Poissons

C’est bien connu : les poissons du zodiaque nagent à l’envers, mais attachés par la ceinture d’Orion, leur charnière d’écailles que l’eau dégaine. Ils nagent dans la pluie de ta plèvre, un vers le Sud, l’autre vers le Nord, un vers le haut, l’autre vers le bas, un vers les nuages, l’autre vers la brume, gauche à droite. Tu cours les réconcilier, faire l’éloge de l’unisonnance, dire “regarde le point médian, la direction, l’oeil focal.”

Tu respires en absorbant le son de cette mer. Tu entends le tintement des coupes de cristal. Dans chaque oeil te fleurit un cyclamen. Tu trouves aux poissons une ressemblance avec les oiseaux (dans leurs nageoires dorsales, dans leur manteau de mercure lorsqu’ils nagent très haut parmi les cumulo-nimbus). La lumière gracile en se tortillant en est un mime lorsqu’ils se trouvent dans leurs éléments respectifs.

Ah, les larmes sont de petites fleurs de la grande mer.

 Françoise Roy

 

Las cirujanas

 Luz que hieres, bisturí del más hondo hueco

(Bernardo Ortiz de Montellano)

¡Qué expertas salieron en el manejo del bisturí, ustedes que nunca fueron a la Escuela de Medicina! Como si hubieran nacido con un bisturí en la mano y de una eternidad coagulada en su centro, conocieran los intríngulis del porte de armas. Como si la hoja de filo mortal fuera excrescencia natural de la falange y hubieran dedicado años de su vida a la anatomía de los cadáveres (flores marchitas que la morgue recoge). Yo, que me dedicaba a la observación de aves, a la astronomía para aficionados, a la fría hermosura de los endecasílabos, no vi ese primo sofisticado del cuchillo y la navaja que tenían oculto en el puño cerrado.

Vi brillar algo en su mano alzada, sí: estalló en un fulgor súbito (el sol lamió el metal en un ángulo perfecto y engendró una estrella diminuta cuyo resplandor duró lo que una efímera). Pero no di el paso atrás que me hubiera salvado. Ni la observación de los petirrojos, de los anillos de Saturno, de la Vía Láctea o Alpha Centauri, ni los paraísos imaginarios que tienden —vaya lienzo—los alejandrinos, me habían preparado para el duelo.

Mientras de mi cuello chorreaba la sangre, mientras el nombre “arteria carótida” pulsaba en mi cerebro como un recuerdo feliz, desfilaron varios pensamientos, presurosos por la inminencia de mi muerte: ¡Qué habilidad la suya para saber la arteria exacta que habían de cortar! ¡Qué sangría tan magistralmente aplicada! ¡No vacilaron dando golpes alocados en órganos no vitales, infligiendo cortadas fáciles de suturar! Si un cirujano se lo hubiera pedido, hubieran sido capaces de delinear con suma exactitud la cartografía del corazón, el preciso recorrido de la sangre en su arborescencia interna desde el ventrículo izquierdo hasta el derecho.

Uno siempre comete el error de subestimar a sus enemigos: ahora las tenía delante de mí, blandiendo en su mano (que antes creía torpe) un bisturí de corte perfecto; dos asesinas entrenadas para extirpar de un solo tajo la hipófisis, la glándula pineal o el quiasma óptico.

La vida tiene una belleza irónica que los observadores de pájaros y estrellas sólo intuyen: en vez de cárcel por homicidio premeditado, a cada una les dieron una cátedra sobre el crecimiento interior y un puesto de cirujanas en un hospital de ricos.

 *

 En aguasal maduró la quemadura. Recorrió todos los alambiques posibles, para acabar aquí, en la más íntima probeta de mi mente. Ha llegado la hora de despojarse de los agravios del mal amor, del susto de amarte en silencio.

El grupo de hadas, rozagantes, con un gato blanco de mascota, saben cuando el líquido, cuya composición es parecida a la de las lágrimas, está listo para la operación de olvido. Juntas asemejan el movimiento de los juncos en la brisa; mueven la caldera con sus cucharones, a la expectativa, y arrojan algo de sus polvos dentro del caldero. Soy terrestre. Salvo por mis sueños, no entiendo de magia.

Me despertaré sin recordar tu nombre. El haz del encuentro se habrá apagado.

 

 http://www.francoiseroy.com/edita.html

 

Llanto

Llanto

 

 

Sucesión de llanto

 

para qué ocultarlo con metáforas:

 

Llanto, llanto, llanto.

 

Sucesión de llantos.

 

Cruzo en la noche llorando.

 

Sare Höltrah